Confianza, desafío del INE

Editorial EL UNIVERSAL

Hay algo más grave: mientras la gente no perciba que la democracia se traduce en una mejor calidad de vida, seguirá desencantada con esa forma de gobierno y con los procesos electorales

En sociedades con democracias consolidadas un voto de diferencia es suficiente para determinar al ganador de una elección, sin más opción para la parte derrotada que aceptar el resultado. En México, lamentablemente, una distancia incluso de varios miles de votos entre triunfador y perdedor es motivo para que el candidato en segundo puesto descalifique la cifra final y buena parte de la ciudadanía ponga en duda al proceso.

La desaprobación incluso puede no estar sustentada en elementos sólidos, pero la desconfianza que se presenta entre amplias capas de la población lanza una mancha de duda sobre los resultados.

El Instituto Nacional Electoral (INE) reconoce que lograr la confianza es el desafío más importante que tiene hacia los comicios presidenciales de 2018. En un foro convocado por EL UNIVERSAL al que asistieron el titular del instituto, así como articulistas y columnistas de esta casa editorial, Lorenzo Córdova señala que el año próximo se jugará la última oportunidad de contar con un modelo democrático viable.

No es el único que se ha manifestado en ese sentido. Hace unos días, el historiador Enrique Krauze afirmó que las elecciones de 2018 serán la tercera y definitiva prueba de la democracia en este siglo y si se supera, la consolidación nacional será irreversible.

El país ha ido de reforma en reforma en busca de perfeccionar el sistema democrático, a manera de ensayo y error. Nada ha tenido de malo esa fórmula, pero el país no puede pasar más años en busca del modelo perfecto, cualquier ajuste debería ser mínimo.

En esa desconfianza y desencanto hacia el modelo democrático los partidos políticos también han contribuido. En su búsqueda por el poder recurren a artimañas para tratar de esquivar el cumplimiento de la ley y de ocultar al máximo sus gastos. Con su actuación, las agrupaciones políticas son las primeras en contribuir a un clima de incertidumbre y poco atractivo para la población. En materia de debates, por ejemplo, siempre han acordado formatos rígidos muy alejados de ejercicios ágiles de discusión y de presentación de propuestas.

Para recuperar la confianza al INE debe bastarle aplicar la ley con rigor.

En el fondo, sin embargo, hay algo más grave. Mientras la gente no perciba que la democracia se traduce en una modificación en su calidad de vida, seguirá desencantada con esa forma de gobierno y con los procesos electorales. 2018 puede ser, efectivamente, la última oportunidad para consolidarnos como sociedad democrática.

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