Nada alienta más al crimen que saber que a pesar de las ilícitas ganancias que obtiene existe una mínima posibilidad de que el delincuente sea capturado o sentenciado. Cuando un delito es atacado por la autoridad efectivamente disminuye, pero surge uno más y luego otro diferente.

En los últimos años se ha visto cómo los operativos contra el narcotráfico han resultado en el descabezamiento efectivo de grupos, pero también se observa la aparición de pequeñas células que impulsan nuevos tipos de ilícitos. Del narcotráfico han “evolucionado” a secuestro, trata, extorsión, ordeña de oleoductos (huachicol) y ahora el robo de las mercancías que son transportadas vía férrea o terrestre.

Para tener una idea de la magnitud del robo de mercancías bastan los datos que publica hoy EL UNIVERSAL. De enero a marzo se registaron 3 mil 357 hechos de ese tipo, 108% más que en el mismo periodo de 2016 y 65% más que en 2017, de acuerdo con la Confederación de Cámaras Industriales. La Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero también ha sido afectada por ese delito; el organismo reporta que en los primeros cuatro meses de 2018 el monto de lo robado ascendió a 3 mil 680 toneladas, 10% más que en el mismo periodo del año pasado.

En el robo de mercancías no sólo los empresarios sufren el daño económico. A la población le pega en al menos dos formas: primero, al sufrir el desabasto que resulta del robo de mercancía destinada a surtir artículos a determinada región del país, y después al tener que cubrir un precio mayor, pues el riesgo de que los transportistas sufran un asalto impacta en mayor o menor medida en el costo para el consumidor.

En una época hipercomunicada parece increíble que no se pueda usar la tecnología para que la autoridad conozca cuando un transporte pesado con toneladas de mercancía detuvo su camino o fue desviado como consecuencia de un acto delictivo.

Se vuelve necesaria una pronta capacidad de respuesta de las corporaciones policiacas, y aquí aparecen al menos dos escenarios: Si no se puede combatir la delincuencia, estamos ante una situación en la cual la viabilidad de la sociedad está en riesgo, aunque puede ser subsanada con capacitación e inversión en equipo y tecnología. Si no se quiere combatir la delincuencia, el punto es más delicado; implicaría una probable compra de la autoridad por parte de las bandas delictivas y actos de corrupción. Alguno de esos escenarios son el origen de la impunidad.

Los asaltos a transportistas han entrado en una espiral alcista. Es impostergable la adopción de medidas para contenerlos. Las áreas de mayor riesgo están identificadas. ¿Se necesitan más razones para combatir ese delito?

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