El presidente electo, Manuel Andrés López Obrador (AMLO), ha afirmado en repetidas ocasiones que su gobierno se distinguirá por el uso de la democracia participativa. Ésta representa una forma de democracia en la que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de las decisiones de un gobierno, de la que tradicionalmente le otorga un gobierno basado en la democracia representativa; es decir, la de los diputados y de senadores.

Para justificar esta decisión, AMLO ha afirmado categóricamente que él confía en la sabiduría de los ciudadanos, --y por lo tanto, en las decisiones que el gobierno tome-- ya que el “pueblo no se equivoca”. Por supuesto, que esta afirmación no se basa en estudios serios, ni siquiera en la historia del mundo, donde existen claros ejemplos de las muchas equivocaciones que los pueblos han cometido. Basta con recordar el gran apoyo popular que en Alemania tuvo Hitler antes y durante la Segunda Guerra Mundial. O, bien, la cantidad de linchamientos que poblaciones mexicanas han realizado (con razón o sin ella).

Afirmar que el pueblo no se equivoca es desconocer el fenómeno de la psicología de masas, que no es otra cosa que la identificación (o pertenencia) de los individuos con un grupo de personas que comparten ideas y percepciones de diversa índole; usualmente dirigidos por un líder carismático. Las multitudes, o masas, son una amalgama de individuos, todos los cuales pertenecen a varios grupos que se superponen. Sin embargo, si las personas están relacionadas principalmente con algún grupo identificable, entonces los valores de ese grupo dictarán la acción de los individuos que componen la multitud. Una idea muy poderosa de la psicología de masas es la falta de autonomía del individuo frente al grupo; los individuos adquieren una forma de percibir el mundo que lo rodea, así como una forma de actuar del grupo de pertenencia. La persona que se adhiere al grupo asimila los principios, sentimientos y comportamiento de los demás miembros del grupo y se limita a repetirlos sin cuestionarse si son verdaderos o falsos o, bien, buenos o malos para las personas. Sin embargo, cuando el propósito y los valores declarados de un grupo cambian, los valores y los motivos de sus miembros también cambian. La psicología de masas repercute en cualquier aspecto de la vida ya sea político, religioso, social, económico o personal.

Conociendo este fenómeno, que ahora aparece con mucha claridad en México, es interesante analizar las consultas populares y el fenómeno de la deseabilidad social. Éste se refiere al hecho de que los individuos responden intencionalmente de manera inexacta (o sesgada) a las preguntas de un cuestionario, que toca temas sensibles a las personas; especialmente, las que se relacionan con sus atribuciones personales y sociales. Así, los individuos se presentan a sí mismos de la “mejor manera posible”, según sea su percepción social de lo que es correcto o aceptable, independientemente de que la encuesta sea, o no, anónima. Por ejemplo, En los cuestionarios de PISA, los estudiantes mexicanos reportan tener un gran interés, gusto y motivación en el estudio de temas científicos; por arriba de los estudiantes de los países industrializados, no obstante que su aprovechamiento académico en ciencias es muy inferior al de los estudiantes de estos países.

Hay una gran cantidad de estudios de Psicología y Mercadotecnia que muestran que las respuestas de los individuos a las encuestas son muy sensibles a la percepción de lo que se considera sociablemente correcto. Por ejemplo, hasta hace muy poco tiempo la mayoría de los mexicanos veía con malos ojos el tema del aborto, las preferencias sexuales y la legalización de la marihuana. Haber hecho una consulta popular en ese entonces habría resultado negativa; sin embargo, ahora podría ser positiva, no porque se haya cambiado de parecer necesariamente, sino porque en estos días no existe la percepción social mayoritaria de que es incorrecto votar a favor de estas tres opciones.

Conociendo los fenómenos de la psicología de masas y la deseabilidad social, no nos deberá de extrañar que la consulta popular que se acaba de anunciar, en la que se determinará la construcción del tren maya y dos refinerías (más otros temas), será abrumadoramente a favor de lo que AMLO ha definido públicamente como prioridad para transformar a México. La psicología de masas y la deseabilidad social jugarán a su favor, como ha pasado en otros momentos y en otros países en diversidad de circunstancias (no todas positivas, por cierto).

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C.
Expresidente del INEE

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