Un país huachicolero

Editorial EL UNIVERSAL

La lucha contra el huachicoleo se libra en múltiples campos. La dimensión real del fenómeno quizá no se hubiera conocido si este gobierno no hace del combate a ese ilícito una de sus principales banderas.

EL UNIVERSAL da a conocer ahora que el robo de combustible se efectúa no ya sólo del modo tradicional de ordeña de ductos, sino que también es realizado por auténticos piratas de altamar que asaltan las instalaciones y embarcaciones de Pemex situadas en aguas del Golfo de México.

Los piratas huachicoleros atacan en dos modalidades: asalto a buques cargueros a los que extraen con mangueras el combustible que transite por las costas de Campeche y Tabasco, y abordaje con violencia a las plataformas petroleras. Estos ladrones de altamar aprovechan la situación de aislamiento e indefensión en la que está el personal de embarcaciones y plataformas.

Si bien los asaltos a estas últimas no son nuevos —de 2017 a la fecha se reportaron más de 300 incidentes de ese tipo—, se habían limitado a sustraer equipo y otros objetos de valor, pero llama la atención que el objetivo se ha dirigido esta vez hacia los propios hidrocarburos, tanto procesados como en crudo. Se trata de una cara más del huachicoleo.

Hace poco más de un año, la plataforma Abkatún fue asaltada por delincuentes que hicieron presencia en el lugar a bordo de 23 lanchas rápidas. El botín consistió en material eléctrico y de iluminación con el que estaba equipado su helipuerto. Aunque las medidas de seguridad se reforzaron en la instalación marítima, ello no intimidó a los criminales que buscaron dar un nuevo golpe a fines de 2018, siendo repelidos por personal de Marina al momento de intentar el abordaje. Se cree que el móvil del ataque era el robo de material de construcción empleado para la instalación de la estructura Akbatún 2, recién anclada en la zona.

Robo, corrupción, perforación de ductos, asalto a pipas, sabotaje y vandalización de la red de explotación, producción y distribución, e incluso bloqueos de autopistas con vehículos incendiados, son algunas de las aristas que ha comenzado a mostrar el problema que engloba el huachicol y que habla de su creciente penetración que ha provocado muertes, daños materiales y afectaciones a la economía nacional.

López Obrador habló de atacar tanto al huachicoleo “de arriba como al de abajo”, pues queda claro que diversos sectores participan en él: funcionarios, empresarios y población de todos los sustratos sociales. Por consiguiente, la guerra emprendida contra el huachicol debe darse, literalmente, en todos los frentes, sea por tierra o por mar, en el campo o en la ciudad, y lo mismo contra el alto funcionario, el empleado de Pemex, el criminal organizado o el ordeñador solitario. El desafío no es fácil.

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