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Los casos en los que la ciudadanía tiene que actuar en tareas que originalmente corresponden a la autoridad se multiplican en la misma medida que aumenta la incapacidad oficial. El ejemplo más claro ocurrió en 1985: tras el escenario de caos y muerte que dejó el temblor del 19 de septiembre en la capital del país, fue la población la que en acudió en primer lugar a realizar labores de rescate y de remoción de escombros, ante la tardía reacción gubernamental.
Actualmente una de las deudas más grandes que el Estado tiene con la sociedad es proporcionar ambientes seguros para el desarrollo del individuo y de las familias. Vecinos y pobladores de zonas violentas se agrupan para defender su tranquilidad, aunque para ello incurren a menudo en la violencia que critican. En diversas regiones del país se han incrementado los casos de linchamiento de presuntos criminales. Otras zonas con mayores recursos llegan a colocar rejas con vigilancia privada y estricto control de visitantes, a pesar de representar violaciones a los derechos de tránsito y movilidad.
En cuanto al tema de desaparecidos hay poco qué agregar: son familiares los que hurgan entre la tierra en busca de los restos del padre, hijo o hermano. La ayuda gubernamental es mínima.
En materia de inseguridad, destaca el incremento de los asesinatos de mujeres, como dio cuenta ayer EL UNIVERSAL. En enero la cifra resultó la más alta para un mismo mes desde 2015.
Las demandas de protección que se han dado en las principales ciudades del país no han tenido respuesta de las autoridades o han sido insatisfactorias.
Ante la indefensión, los ciudadanos tienen que organizarse y adoptar esquemas de autoprotección. En Guerrerro, las ciudades de Chilpancingo y Acapulco se volvieron hostiles para las mujeres. Por ese motivo comerciantes y vecinos de algunos barrios estas poblaciones decidieron organizarse para brindarles a ellas un poco de protección.
El miedo tiene fundamento. En 2018 mataron a más de 260 mujeres en el estado. En los primeros dos meses de este año van 27 asesinadas.
Hoy las mujeres han encontrado en las redes sociales mayor respuesta positiva que en las autoridades. Con la etiqueta #NoEstasSola se han difundido numerosos mensajes de comercios y organizaciones que invitan a mujeres a refugiarse en sus instalaciones si se sienten acosadas o en peligro. Los mensajes tienen su origen tanto en Campeche, Tabasco y Querétaro, como en Puebla, Sonora y Ciudad de México. Un problema extendido por el país.
Urge que las autoridad de todos los niveles se sacudan la apatía y la falta de interés ante una situación que en lugar de disminuir aumenta.
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