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No intervención

05/01/2019
05:53
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Por décadas, la bandera de la política exterior mexicana fue el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos, en una época en la cual la característica de nuestro país era el régimen de partido único y una escasa apertura en materia de derechos ciudadanos y de libertad de expresión. A inicios de este siglo, con la llegada de gobiernos panistas, se modificó la línea de la política exterior; lo cual se hizo evidente con la ríspida relación que se tuvo con Cuba. Desde entonces, los vínculos de México con el mundo han sido los del gobierno en turno. Actualmente se habla de la neutralidad mexicana al exterior, una posición que implica riesgos.

Ahora un nuevo capítulo de la diplomacia mexicana se abre con la postura adoptada por el recién estrenado gobierno de nuestro país, al manifestar su oposición a la declaración signada por trece naciones americanas, englobadas en el Grupo de Lima, mediante la cual éstas desconocen el resultado del proceso electoral en Venezuela y, por consiguiente, un nuevo periodo de Nicolás Maduro al frente de la presidencia en esa nación sudamericana.

Nuestro país ha invocado una vez más el derecho de los países a autodeterminarse y clama por la no injerencia del exterior en asuntos internos, por lo que expresó su negativa a secundar la posición del grupo, el cual califica de ilegítima la forma en que Maduro llega a asumir un nuevo periodo de su presidencia.

Con este acto, vuelve a hacerse presente el principio mexicano de no intervención, tesis principal de la denominada Doctrina Estrada, llamada así por su creador Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio. Dicho documento de 1930 exponía, entre otros puntos, el “derecho de las naciones para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades”.

Si bien no se puede negar que el actual régimen venezolano ha demostrado ser en los hechos un gobierno represor y antidemocrático, que persigue y reprime a sus opositores, se puede entender también la posición de México de decidir sostener relaciones con la autoridad que representa el presidente Maduro, explicando que sólo busca mantener abiertos los canales diplomáticos con Venezuela para ayudar a encontrar una solución a su crisis política y humanitaria.

Ahora, el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador, si bien se apega al principio diplomático que tanta fama diera a nuestro país durante buena parte del siglo XX, debería también tener cuidado de no cruzar la delgada línea que divide el mantenerse neutral con la de legitimar un gobierno que prácticamente todas las democracias del mundo condenan.