Mochila Segura y violencia diaria

Editorial EL UNIVERSAL

Un niño lleva a la calle aquello que experimenta de forma cotidiana en su entorno inmediato. Es así que la violencia de cualquier tipo que llegan a manifestar los niños en los espacios públicos se explica casi siempre a partir de la descomposición de las familias y comunidades en las que se desenvuelven. Individuos violentos generan contextos similares, lo que hace que normalmente sus conductas se repliquen en los más jóvenes.

Debido al inicio del ciclo escolar 2017-2018, el gobierno de la Ciudad de México, a través de Miguel Ángel Mancera, anunció que continuarán los operativos de seguridad en las escuelas de la capital a través del programa Mochila Segura. Es una iniciativa que busca prevenir el ingreso a las escuelas de objetos ajenos a la actividad educativa, pero principalmente de aquellos que pongan en riesgo a la comunidad.

En México han ocurrido desgracias relacionadas con el ingreso de armas a las escuelas. Son sucesos lamentables que lastiman a las sociedades que los sufren, pero que también despiertan la incertidumbre en general. Particularmente, la seguridad pública es una demanda generalizada en la Ciudad de México puesto que, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, el año actual es el de peores registros para la capital en cuanto a homicidios.

La iniciativa del gobierno local tiene un ánimo preventivo, pero resulta limitada por su alcance. ¿Cuáles son las razones por las que un niño lleva un arma a la escuela, donde no solo es innecesaria, sino un riesgo para todos? La respuesta a esta cuestión tiene que ver con el entorno del individuo, con las reglas de convivencia de las comunidades en las que está inserto, con una evidente descomposición social.

El programa Mochila Segura responde a un problema definido, sin embargo cabe cuestionarse si es la alternativa más adecuada en tanto que hace caer la sospecha de posible delito sobre cada alumno del sistema educativo local. El papel de los padres de familia en la revisión de mochilas y supervisión de sus hijos es fundamental. Este enfoque puede incluirse en el programa para hacerlo más eficaz y menos invasivo.

La normalización de la violencia y la falta de una visión global del problema resultan en que Mochila Segura es una iniciativa mejorable. No basta con revisar efectivamente que nos e ingresen armas a las escuelas, sino encontrar la forma de que los involucrados en la formación de los menores se dé en los mejores términos. Es un trabajo de largo aliento y por ende menos rentable a corto plazo, pero cuyos resultados se verán cuando la violencia juvenil se neutralice. Vale la pena invertir en ello desde hoy.

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