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Los recursos destinados a los medios públicos siempre han sido exiguos, pero la reducción que se da desde el actual gobierno federal amenaza con extinguirlos, especialmente a la radio.
En el inicio de la radiodifusión surgieron dos modelos: el europeo y el estadounidense. El primero dio prioridad al servicio público, el segundo al aspecto comercial. Por la cercanía geográfica con Estados Unidos, México siguió esta última opción. El desarrollo y la ruta que siguieron radio y televisión la definieron grupos privados con influencia regional o nacional.
El interés del Estado por participar en los medios de comunicación se dio de manera tardía: en la década de los 70 con la televisión y en la década de los 80 con la radio. Vinieron a llenar un vacío para tocar aquellos temas que marginaban los medios privados: los de carácter cultural, social, educativo y científico, principalmente.
El martes el Instituto Mexicano de la Radio (Imer) dio a conocer que, por restricciones presupuestales, a partir del lunes 1 de julio dejarán de transmitirse programas a cargo de personal contratado por honorarios, lo que implicaría el recorte de más de 200 trabajadores y como resultado la pérdida de opciones distintas para la audiencia.
La presión que se dio desde las redes sociales y los medios de comunicación privados hizo reaccionar a la autoridad para intervenir y buscar una solución. Ayer la Presidencia de la República anunció que no habrá despidos y que todo quedará resuelto en las próximas horas.
Como ha ocurrido en los centros públicos de investigación, la instrucción presidencial de prescindir de personal contratado por honorarios fue especialmente perjudicial para el Imer, pues de acuerdo con datos del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, 80% de los contenidos se hacen con retribuciones vía honorarios. La práctica de contratar trabajadores eventuales no es de ahora, se inició en gobiernos anteriores, cuando optaron por esa figura de pago en lugar de crear puestos con remuneración digna y prestaciones sociales.
En medio de las promesas de solución, de denuncias de los afectados y de reclamos ciudadanos ha quedado manifiesta la importancia de los medios públicos. Más que aparatos del Estado para difundir un discurso oficial, es oportunidad para ratificar su función social. Más que repetir fórmulas comerciales, su apuesta debe ser a generar identidad nacional, promover la cultura y abrir puertas a quienes tienen propuestas diferentes. Menguarlos es silenciar una voz clave para el país.
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