La dura realidad de Garibaldi

Editorial EL UNIVERSAL

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El crimen organizado no solo tiene presencia en la capital, sino que opera plenamente y con impunidad. La Plaza Garibaldi es uno de los sitios turísticos más vistosos de la Ciudad de México y es concurrido tanto por locales como por turistas nacionales y extranjeros. No obstante, desde hace tiempo está bajo el yugo de bandas que se disputan este lugar porque ahí venden grandes volúmenes de drogas al menudeo.

El pasado 14 de septiembre, un grupo de delincuentes inició una balacera en el corazón de la plaza, lo que provocó la muerte de seis personas y lesiones a siete más. Este hecho, según investigaciones en curso, se inscribe en el contexto de la batalla criminal por apropiarse de un lugar que recibe en promedio hasta 35 mil personas a la semana y que deja ganancias millonarias a sus lugartenientes.

El evento del viernes anterior revela una realidad negada permanentemente por las autoridades de la Ciudad de México, pero que no puede ocultarse: el crimen organizado está fuertemente arraigado en el centro de la capital, y opera a unos metros de las oficinas gubernamentales. Así como los criminales se apropiaron de amplias regiones del país, algo similar pasa en la Ciudad de México.

Apenas hace unos meses que, un domingo cualquiera, la zona de Tlatelolco amaneció con cuerpos descuartizados en una avenida pública, algo no visto antes. Tepito es un barrio céntrico en el que es imposible transitar sin la anuencia de las bandas que ahí habitan. Está documentado que en colonias como Roma y Condesa, los delincuentes maniobran con total impunidad, sin que las fuerzas policiacas les hagan frente, mientras que en zonas como Tláhuac han dado cobijo a capos locales del narcotráfico.

La Plaza Garibaldi, como ocurrió con amplias zonas de la Ciudad de México, ha sufrido una descomposición paulatina; fue capturada por criminales que buscan apropiarse de un territorio que es de todos. La evidencia es clara: el crimen organizado se desempeña en la capital con impunidad, a pesar de que las autoridades tienen diagnosticado al fenómeno delictivo.

El embate del crimen organizado en Plaza Garibaldi, en el centro de la capital y en toda la Ciudad de México, provoca daños colaterales: afecta a empresarios y dueños de pequeños negocios, quienes piden repetidamente auxilio a las autoridades para que se les garantice seguridad sobre sus actividades, pero que no encuentran respuesta contundente a sus lamentos.

La realidad se ha impuesto en la capital y las autoridades tienen la responsabilidad de reconocer la presencia y la actividad del crimen organizado para poder darle frente a un fenómeno que se apodera poco a poco de plazas, colonias y calles. Hay que comenzar antes de que, como hicieron en otros lados, destruyan al Estado de Derecho e impongan su ley.

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