Más Información

Previo al 8M, blindan Palacio Nacional con vallas de metal; buscan evitar confrontación entre policías y manifestantes

"México merece saber qué pasó"; Guerreros Buscadores de Jalisco recuerdan hallazgo de Rancho Izaguirre y dan a conocer video inédito

Ocho cargas de dinamita en puente de Puerto Vallarta tras caída de "El Mencho"; así intentó desplomar el CJNG la estructura

Embajada aclara supuesto "atrincheramiento" de embajadora de México en Belice; "saldrá al término de la semana", asegura
Las tradiciones y costumbres ancestrales que se mantienen vivas a través de muchos de los pueblos indígenas de México deben ser sin duda motivo de orgullo; familiarizarse con ellas es una buena manera de acercarnos a las raíces que nos dan identidad como nación.
Una de las alternativas para conocer un aspecto diferente de nuestro país en las próximas vacaciones es asistir a la Semana Santa Cora, que se lleva a cabo en distintos municipios de la Sierra del Nayar, en Nayarit (particularmente la población de Jesús María es la más abierta a permitir la presencia de visitantes; puede contratar previamente los servicios de un guía).
Esta celebración, llamada La Judea, es notable ejemplo del sincretismo cultural y religioso que caracteriza al pueblo Cora. Varios historiadores y antropólogos coinciden en señalar que su origen parece remontarse a finales del siglo XVI, cuando durante el proceso de evangelización, iniciado por los jesuitas y continuado después por los franciscanos, los Coras se apropiaron de elementos del catolicismo, adaptándolos a su cosmogonía y sustituyendo así la antigua práctica del mitote guerrero, escenificación de la lucha entre el bien y el mal, vinculada a su vez con el renacimiento de la vida y los ciclos de cultivo y lluvia.
A lo largo de ocho días, la comunidad Cora en su totalidad participa en una compleja ceremonia que incluye procesiones, rituales y danzas que evocan luchas y en las que cada miembro asume el papel de personajes como Cristo, San José, la Virgen María, judíos, demonios, fariseos o los “borrados”, quienes transforman su personalidad pintándose el cuerpo.
(Foto: Agencia El Universal/Especial)
Jesús María se ubica a poco más de tres horas y media por carretera de Tepic o a cuatro horas de San Blas; es un poblado rústico que no cuenta con opciones para hospedaje, por lo que es conveniente quedarse en Tepic. Puede alojarse en el hotel Fiesta Inn (www.fiestainn.com). Para comer le sugiero El Farallón del Pacífico, clásico local especializado en mariscos, o en San Blas, el Hotel Garza Canela es cómoda y básica alternativa. Vale la pena su restaurante El Delfín a cargo de la Chef nayarita Betty Vázquez (www.garzacanela.com).
Noticias según tus intereses
[Publicidad]
[Publicidad]










