LA HABANA. — Ese olor a humedad, ron y tabaco me era familiar. También la sabrosura del guaguancó que sonaba a lo largo del “gran sofá”, como bauticé al malecón de La Habana hace seis años. De día y de noche, el cubano lo adopta como banca, gimnasio y hasta su punto de encuentro con el amor.

No tuve que caminar demasiado para darme cuenta que algo no encajaba en mi recuerdo: los extranjeros ya no nos contábamos por cientos, ahora éramos miles que disfrutábamos de ese tremendo murallón de ocho kilómetros que divide a la ciudad del Atlántico.

La estampida turística llegó a La Habana hace un año, cuando Estados Unidos decidió renovar su relación diplomática con Cuba. Y aunque los cambios en la ciudad poco a poco se están dando, es imposible que pierda su encanto esparcido entre una arquitectura decadente, la sensualidad y calidez de su gente que te hace sentir como en casa y, sobre todo, en esa sensación de viajar a un lugar donde el tiempo se detuvo hace 50 años.

En este viaje decidí mezclar dos caras de la ciudad, la nueva y la real, la que vive el cubano día a día. Para ello renuncié a un hotel cinco estrellas y opté por un cuarto en renta. Así conocí a Dany, un exjugador profesional de beisbol que recibe en su casa a viajeros de todo el mundo a través de la plataforma de Airbnb, una novedad disfrazada porque el servicio existe desde hace 20 años, pero ahora es “legal” ante el Estado.

Esta modalidad de hospedaje se ha convertido en la salvación económica de muchos viajeros, ya que los hoteles han aumentado sus tarifas hasta un 100%; una noche en un hotel categoría cinco estrellas de hace un par de años costaba 100 dólares, ahora ronda los 400 y hasta 800. La renta de cuartos para mi anfitrión significa una ayuda económica, ya que el cubano vive mensualmente con un salario promedio de 18 dólares.

Dany me asignó una habitación con baño privado, aire acondicionado y una vista envidiable a la Plaza de la Catedral que, junto con el resto de La Habana Vieja, es Patrimonio de la Humanidad. ¿Qué más podía pedir? Claro, internet. La petición me fue negada porque el servicio apenas está despegando en la isla. Si quería, debía comprar una tarjeta y buscar uno de los sitios públicos habilitados con wifi.

No fue fácil estar desconectada del mundo, pero así se vive en Cuba. Aprendí también a no preguntar “¿acepta tarjeta?”; terminales bancarias y cajeros automáticos brillan por su ausencia.

El calor sofocante del día se aferraba de noche. Los tragos de ron que compartía con Dany frente al malecón nos refrescaban. Bajo un cielo estrellado esperábamos a que la presa mordiera el anzuelo. Cualquier pez se convertiría en nuestra cena. Pescar es parte de la vida cotidiana de un cubano.

Por el bulevar veíamos un verdadero museo rodante, eran las carcachas de los años cincuenta que aparecen en toda postal de la isla. Los autos mejor conservados y hasta convertibles paseaban a turistas, mientras que los más desgastados y escandalosos funcionaban como taxis colectivos para la gente local.

Hacer un viaje a bordo del almendro, como se les conoce, es una experiencia; para Dany es un lujo que muy pocas veces puede darse. El viaje puede costar desde cinco hasta 10 pesos cubanos convertibles o CUC (de cuatro a ocho dólares), según la distancia. Con esa cantidad suele comprar los alimentos de tres días.

La puerta de un Ford verde modelo 51 se abrió para llevarnos a casa. Pagar el viaje fue la manera de agradecerle a mi anfitrión el cocinar un manjar marino, acompañado de los guisos básicos de la cocina cubana: arroz y frijoles.

A la cena se unió Milagros, una amiga de Dany que imparte clases de baile y también renta su casa a través de Airbnb. Su espacio se llama Mily Dance, al cual nos invitó para darnos una clase de salsa gratuita como lo hace con sus huéspedes, la mayoría provenientes de Canadá, Europa y ahora, estadounidenses.

Esa noche el tiempo voló entre mojitos y “el uno, dos, tres” del paso básico de la salsa. Escuché anécdotas relacionadas con la apertura diplomática. Milagros y Dany llaman a este periodo “el barco de la esperanza”. Aceptan que La Habana se está transformando en una futura potencia turística, pero hay carencias, sobre todo en cuanto a cultura de servicio. Al compararlo con México, principalmente Riviera Maya, se quedan cortos: faltan cuartos de hotel, guías de turistas profesionales, traductores, transporte. Un ejemplo simple es el internet, servicio básico y casi completamente gratuito en cualquier destino.

“Pero no hay que minimizar a este nuevo jugador del Caribe”, dice Dany. El barco seguro zarpará, siempre y cuando el desbloqueo sea por completo (viajar de carácter turístico a Cuba desde Estados Unidos no está permitido, a menos que sea por 12 motivos específicos, entre ellos: visitas familiares, actividades periodísticas, de investigación o profesionales) y el gobierno cubano acepte todas las inversiones extranjeras. Quizá para eso falten años o quizá jamás suceda, pero aun así Cuba está de moda.

El barrio de la aristocracia

El Vedado es una imagen viva de La Habana antes de la Revolución, fraccionada en calles donde se erigen edificios de diseño art deco, como los de Nueva York y Miami. Antiguamente, las casonas eran residencias de estadounidenses y gángsters, hasta que en 1959, Fidel Castro entró con su ejército y todo acabó.

Llegué al Vedado por recomendación de Dany, dijo que aquí está naciendo parte importante de la nueva Habana.

Alejado del centro histórico y casi al final del malecón, el barrio es una meca de casas de huéspedes. Dormir en una de estas propiedades cuesta entre los 35 y 50 CUC. Otras casas se transformaron en cafés y bares, como Café Madrigal. La guía de viajes Lonely Planet lo reconoció como uno de los 50 mejores bares de Latinoamérica. Su secreto: la preparación de las 80 variedades de cocteles cubanos que existen.

Beber y comer en lugares privados implica un gasto considerable y constante casi en toda Cuba. El promedio por comensal es de 30 a 40 CUC —casi el equivalente a 26 o 28 dólares—.

No podía perderme una visita a La Fábrica. Donde antes se producían litros de aceite comestible, ahora es un espacio cultural alternativo de “primer mundo”, al menos eso dice una chica londinense, quien no ha visto algo similar en su ciudad. Estoy de acuerdo, en México tampoco hay un lugar que reúna en una sola área: bares, restaurante, cine, teatro, música en vivo, una boutique de diseño y salas arte en todas sus expresiones.

A la entrada me dieron una Libreta de Racionamiento (como la que tienen todos los cubanos para el consumo de alimentos). En ella anotaron cada cosa que probé, desde el mojito frappé, hasta las palomitas de maíz. Al final, para poder salir tuve que liquidar la cuenta, que se sumaba a los dos dólares que me costó la entrada.

Fuera de La Habana

Dany decidió que no podía irme de su ciudad sin conocer Viñales, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Dos horas por carretera nos llevó a un paraje tapizado de mogotes y montañas de punta redonda, que también se ha puesto en boga entre las excursiones turísticas; lo mismo sucede con otras regiones, como Trinidad, Santiago de Cuba y las islas de Los Cayos, frente al Caribe; Interjet comenzará a volar a Santa Clara, (la entrada a los cayos) a partir del 14 de julio.

El cubano pasa un día de campo caminando entre las plantaciones de tabaco o escalando los mogotes, mismos que comparan con los de la Bahía de Halong, en Vietnam. A veces, si el presupuesto alcanza, rentan un caballo.

El destino se ha sumado a la ola de nuevos negocios; aquí también figuran las casas de Airbnb, y los restaurantes se han cambiado por granjas orgánicas, como Finca El Paraíso.

Fue el único sitio donde pude comer por 10 CUC. El banquete tipo buffet incluyó ocho platillos con verduras libres de pesticidad, carne sin hormonas y jugos relajantes.

La finca ya es popular entre actores, quienes han dejado su firma en el muro de los recuerdos, como Will Smith y Benicio del Toro.

GUÍA DEL VIAJERO

Vuelo

Interjet tiene vuelos redondos a La Habana desde seis mil pesos, impuestos incluidos.

El tiempo estimado de viaje es de dos horas y media.

Comparativo: un vuelo redondo a Miami cuesta desde 7 mil 962 pesos.

www.interjet.com.mx

Hospedaje

Existen más de seis mil casas registradas en Airbnb. Las tarifas por noche oscilan entre los 30 y 50 dólares. La mayoría de los anfitriones ofrecen desayunos y comidas por un costo extra. No olvides llevar artículos de higiene personal, como champú y jabón, porque no te serán proporcionados.

Comparativo: en Miami, la renta de un cuarto está entre 40 y 250 dólares.

www.airbnb.mx

Tarjeta de turista

Es una especie de visa que puedes comprar con tu agencia de viajes o directamente en el mostrador de la aerolínea. Tiene un costo de 250 pesos mexicanos. La debes presentar en tu llegada y a la salida de Cuba.

Tipo de cambio

Dólares y euros son aceptados en las casas de cambio, las mejores están en los hoteles y no en el aeropuerto. Por 100 dólares te darán 86 CUC (se cobra 10% de comisión), mientras que por 100 euros recibirás 110, aproximadamente.

Cómo moverse

Las guaguas y los camellos son los autobuses públicos de La Habana. Un viaje te cuesta alrededor de 40 centavos de CUC.

En paquete

Viñales Tours realiza viajes combinados La Habana-Varadero (ocho días) desde mil dólares por persona. Incluye traslado aéreo, desayuno tipo buffet, plan todo incluido en playa, traslados al aeropuerto, seguro de viajero y tarjeta de turista.

Para un viaje que incluye Los Cayos, puede costar desde mil 100 hasta dos mil 200 dólares, todo depende si el traslado desde

La Habana se hace vía terrestre o aérea.

www.vinalestours.com.mx

Excursión a Viñales

Desde 60 euros. Incluye senderismo, visita a un taller de habanos, alimentos y transportación terrestre colectiva.

www.cubatravelnetwork.com

En línea

Consulta la página oficial de turismo:

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