18 | MAR | 2019
En la playa de Las Glorias, María presume agilidad (IVÁN STEPHENS. EL UNIVERSAL)

Espinoza vive un sueño como recompensa

27/12/2016
00:38
Adriana Díaz Reyes
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La taekwondoína disfruta el mejor momento de su carrera; en Guasave se da tiempo para disfrutar de su familia, del mar y hasta de la cocina

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Guasave.— Es una tarde soleada en la Arena Carioca número tres en Río de Janeiro. Los anfitriones de los primeros Juegos Olímpicos en Sudamérica se alistan para su ceremonia de clausura un día después al tiempo que María Espinoza cuenta los minutos para salir al tatami que puede convertirla ese 20 de agosto en una histórica del deporte mexicano.

La taekwondoína va por su tercera presea olímpica y su camino no es sencillo. Vence a la filipina Kirstie Alora. Sufre para derrotar en punto de oro a la marroquí Wiam Dislam y a la estadounidense Jackie Galloway, una vieja conocida, ante quien asegura la plata. En la final cae 5-1 ante Zheng Shuyin 5-1 y se queda con un histórico metal argento.

“Me siento contenta porque tuve la recompensa a una lucha diaria. Estoy viviendo un sueño y me siento bendecida por Dios, la vida, mi familia y por haber nacido en México”, rememora cuatro meses después la sinaloense, sentada a un costado del árbol navideño en su casa de Guasave, Sinaloa.

Desde que Joaquín Capilla se agenció cuatro medallas entre 1948 y 1956, nadie había logrado llegar al podio en tres Juegos en fila. Espinoza lo hizo a los 28 años de edad y en un deporte radicalmente distinto al que practicó en sus primeros años como competidora.

En Río, María se enfrentó a petos electrónicos y un área de combate octagonal, además de rivales 15 centímetros más altas que ella como Zheng Shuyin, quien se llevó la medalla de oro.

“Me ha costado trabajo adaptarme a los cambios. Perdí muchos combates para actualizarme y cambiar mi estilo. Fue muy difícil competir con personas más altas que yo pero poco a poco he ido avanzando. Aprendo más de las derrotas porque te cuestionas sobre lo que hiciste mal y yo siempre he sido muy crítica conmigo misma”.

La misma de siempre. Por las calles de este tranquilo municipio sinaloense, todavía circulan los autobuses rojos en los que María se transportaba para entrenar. A la taekwondoína se le agolpan los recuerdos en cuanto ve pasar a uno de los vetustos vehículos.

“Ha sido un camino muy largo desde que comencé con el taekwondo a los cinco años, desde que tomaba los camiones a los ocho para venir a entrenar. Veo hacia atrás y me da nostalgia el saber que nunca me di por vencida, que nunca le puse un pero a las distancias porque realmente amaba lo que hacía. A veces me dan ganas de subirme otra vez al autobús”, relata.

No todo es taekwondo en la vida de la triple medallista olímpica. A María también le gusta cocinar un buen ceviche, escuchar música de banda o salir a disfrutar de los helados a unas cuadras de su casa.

Le encanta el mar. Su abuelo se desempeñó como cocinero de barco y su padre fue siempre un pescador así que “María Bonita”, lo trae en la sangre.

“Mi papá nunca nos llevó al mar por lo peligroso que era pero ahora en ocasiones lo acompaño al barco o le ayudo a llevar su mercancía. Siempre que puedo voy a pescar con mi mamá y otros amigos. Tomamos el camino por la Bahía del Tortugo y nos lanzamos a la aventura, eso realmente me fascina”.

Aunque es un poblado de poco más de 200 mil habitantes, Espinoza presume orgullosa el municipio en el que habita su familia así como su gente.

“Aquí las personas son muy cálidas y buenas. Tengo muchos amigos con los que me gusta ir a cenar y unas nieves muy buenas que como cada que vengo por aquí. Otra actividad que predomina en Guasave es la cosecha, aún se pueden ver grandes hectáreas con cultivos de frijol y maíz, es muy bonito”.

¿Qué cualidades conservas de aquella niña que vivió 14 años en La Brecha?

“Creo que la inocencia que tienen los más pequeños es una de las cosas que trato de no perder. También disfruto lo que hago como niña y todavía conservo mi gusto por el campo y los ranchos”.

En la cocina, don Marcelino y doña Felícitas, orgullosos padres de María, alistan una posada familiar en la que participarán hermanos, tíos y sobrinos de la taekwondoína. Son ellos, el principal ejemplo a seguir para la seleccionada.

“Siempre han sido muy unidos. A pesar de que había muchas carencias cuando estábamos chiquitos mi papá siempre nos brindó amor y respaldo a mi madre. También aprendí de ellos que cuando uno trabaja las cosas se dan”.

Un año decisivo. El cuerpo de la sinaloense, está cansado. Las huellas de dos décadas de batalla han hecho mella en el físico de María quien no asegura llegar hasta los Juegos de Tokio 2020.

“Mi objetivo es seguir representando a México. Ya no voy a competir tanto como antes a pesar de que mi deporte me lo pide para tener un buen lugar en el ranking mundial. Estoy consciente de que hay que darle un descanso al cuerpo para poder continuar y el próximo año será clave para saber cómo me siento y si estoy en condiciones para seguir adelante o ya no. Me voy a retirar el día que ya no me guste lo que hago, que ya no sienta satisfacción al competir o cuando mi cuerpo esté lastimado”, asegura.

Independientemente de las medallas que ahora tiene en su vitrina, María quiere dejar un legado en las nuevas generaciones.

“Quiero ser un personaje importante en el deporte mexicano. Que los niños vean que no importa en qué condiciones estés, donde naciste o los obstáculos tengas en la vida. Cuando tienes el amor por el deporte vas a salir adelante. Quiero hacerles saber que todo se puede alcanzar y una vez que lo logras no todo se termina ahí, viene lo más importante que es mantenerte. Para mí, mientras más difícil fue el camino, más lo disfruté”.

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