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hector.morales@eluniversal.com.mx
Río de Janeiro.— En el momento en el que terminó el segundo round, los presentes en la Arena Carioca 3 estaban seguros de que Saúl Gutiérrez tendría un tercer asalto de trámite. Era sencillo imaginar que esa ventaja de 7-2 que tenía sobre su contrincante sería suficiente para clasificar a cuartos de final del taekwondo olímpico (-68 kgs). El combate terminó en tragedia deportiva para el mexicano y cayó 12-11.
El marcador que tenía sobre el mongol, Temuujin Purevjav, era contundente. Reflejo de lo que pasó en el tatami hasta antes de la debacle. El asiático comenzó a envalentonarse, a recortar la ventaja en apenas 120 segundos. Conectó puntos al peto y a la cabeza, el público, de inmediato, se puso de su lado, porque demostró coraje y orgullo.
Gutiérrez lucía confundido. Su dominio inicial se revirtió, porque cada punto que conseguía su adversario, era un golpe a su estado anímico El taekwondoín mexicano, poco a poco, se derrumbó moralmente. No sabía si atacar, replegarse, cambiar su estrategia o dejar que se diluyeran los segundos. Purejav se convirtió en un oponente indescifrable.
Los fans en las gradas gritaban, estaban emocionados. El tricolor jamás reaccionó. Buscaba defenderse de la embestida. Tenía dudas. Las evidenció con una parálisis que lo guió poco a poco a la derrota. Era favorito a medalla, tenía esa etiqueta. La perdió de forma inverosímil.
A falta de cinco segundo, el mongol se puso al frente. La patada que le dio la voletereta se celebró con gritos de júbilo. Los ojos de Gutiérrez estaban incrédulos. Se mantuvo sin contestación. Impávido, ya no buscó igualar, sino que se resignó ante la derrota.
Resultado lapidario y sopresivo. Mas se mantuvo la poco grata tradición de los taekwondoínes de esa categoría de irse pronto de unos Juegos Olímpicos. Idulio Islas (2008) y Érick Osornio (2012) fueron los precursores de las tempranas despedidas de la justa veraniega. Gutiérrez aún se aferraba a un repechaje que le abriera el camino para seguir en la contienda, pero tampoco hubo suerte.
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