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Martes 30 de septiembre de 2014. Michael Phelps, máximo ganador de medallas olímpicas (22) conduce zigzagueando y con exceso de velocidad su camioneta Range Rover. Tras pasar una noche en un casino de Maryland, jugar al póker y beber, el nadador se dirige a su departamento, a 135 kilómetros por hora y no pasa mucho tiempo antes de que sea arrestado por la policía local.

“Ya no quiero estar vivo”, escribe Michael a su agente Peter Carlisle tras esconderse en su casa para evitar el acoso de los medios de comunicación.

Aquella noche, todo cambia para el estadounidense, quien se refugia en The Meadows of Wickenburg, un centro especializado en rehabilitación de adicciones.

Es ahí donde el tritón decide tomar un segundo aire. Comienza a consultar libros como “Vivir la vida con sentido”, de Rick Warren, y se ilusiona con alcanzar un cupo para competir en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Phelps, aquel niño que comenzó a nadar para evitar escuchar las discusiones entre sus padres, vuelve a entrenar y lo hace en serio.

Pasa varias horas entre el gimnasio y la alberca y finalmente alcanza su meta en el Campeonato Nacional de Estados Unidos realizado en el Century Link Center de Omaha, en Nebraska.

Ante 14 mil personas, el nadador de 31 años demuestra que aún tiene capacidad para sorprender al mundo y consigue su boleto a lo que será su quinta justa veraniega.

“Tener la capacidad de volver a nadar ha sido lo más difícil de mi vida. Ser capaz de terminar [mi carrera] como quiero es muy importante para mí”, reconoce Phelps.

El deportista será el decimocuarto nadador en llegar a cinco participaciones en una justa veraniega, por detrás del sueco Lars Frölander y el turco Derya Büyükuncu (seis).

La realidad de Michael ahora es muy distinta. Aunque aún no alcanza sus mejores marcas y se antoja complicado que repita las siete medallas logradas en Londres 2012; tiene la motivación en alto.

Además, hace unos meses, el competidor se convirtió en padre de un varón, que lo motiva día con día a dar su mayor esfuerzo.

Para subir al podio en Río de Janeiro, el estadounidense trabaja en aspectos como la resistencia, ya que no es tan veloz como antes. El húngaro Laszlo Cseh, los japoneses Daiya Seto y Masato Sakai, y el sudafricano Chad le Clos, están listos para frenar su dominio.

Michael Phelps está de vuelta. Los amantes de la natación podrán verlo una vez más en escena y disfrutar sus últimas brazadas. Y es que el “Tiburón” ha decidido que ya no hay vuelta atrás. Los Juegos de Río serán los últimos en su carrera.

Porque para él, la batalla más importante, la que enfrentó contra el alcohol y las drogas hace un par de años, ya está ganada.

Con 22 medallas en el cuello no hay nada que demostrar; lo que Michael busca en Río de Janeiro es, simplemente disfrutar.

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