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En su brazo izquierdo, Martín Pureco decidió plasmar para siempre la fecha de la operación en la que le donó el riñón a su hermano.
Se “rayó” con el 13 de agosto de 2015 junto a una cruz con la finalidad de jamás olvidar ese momento que marcó para siempre la vida de él y su hermano menor, Cristian.
“Ya tenía pensado tatuarme. Como sabía que iba a darle el riñón a mi hermano, decidí tatuarme la fecha para que siempre estuviera conmigo, para mi hermano y mi familia. Es el significado de esta fecha”, revela.
Acerca de la cruz, Martín expone que es un joven religioso, que antepone a Dios como el gestor de todas los hechos.
“Yo creo mucho en Dios. Soy católico y siempre soy de los que no duda en que va él por delante. Es por eso que quise quedarme con algo así para siempre”, explica.
Un cicatriz cerca de la zona del ombligo es otro de los recuerdos que tiene Pureco de la intervención quirúrgica.
El periodo de recuperación que necesitó el defensa, tras la operación, fue de aproxidamente seis meses y casi un año para volver a las canchas.
Los exámenes de sangre se le realizaron de manera regular durante casi dos meses, para confirmar el buen estado de salud del futbolista.
Al momento de pedirle a Martín que muestre la marca que le dejó la donación del riñón, el guerrerense no duda. Sabe que esa cicatriz lo acompañará el resto de su vida, pero que sirvió para darle una nueva oportunidad a su hermano, que ha batallado para tener salud.
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