La final está abierta para la Navidad

América sufre para empatar a Tigres, que con gol de Gignac pone en aprietos a las Águilas en su centenario

Rubens Sambueza tomó las riendas del ataque azulcrema, aunque las Águilas no estuvieron finas en la definición y Tigres aprovechó un descuido para armar un contragolpe y marcar como visita. (NOTIMEX)
Universal Deportes 23/12/2016 03:30 Héctor Alfonso Morales Actualizada 02:57
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América y Tigres dejaron la prisa a un lado. La ilusión de campeonar se hará realidad para cualquiera de los dos en Navidad. Será el 25 de diciembre cuando alguno recibirá la corona como regalo y el otro carbón como castigo por ser subcampeón.

Anoche, un intenso 1-1 que deja el cetro del Apertura 2016 para la vuelta en San Nicolás de los Garza.

América salió al primer tiempo a resguardarse. La prioridad azulcrema fue impedir que los Tigres se conectaran para que acusaran la falta de ritmo, luego de parar 18 días. Mantener el cero atrás como premisa del autodenominado “más grande” de la Liga MX. Poco importó la localía.

Las Águilas, más cercanas a Manuel Lapuente que a Ricardo La Volpe, presionaron a los norteños hasta la mitad del terreno de juego. Los emplumados se hicieron fuertes así. Cuando su rival intentó armar jugadas en la mitad de la cancha, la ausencia de entendimiento dio pie a latigazos capitalinos.

Llegadas de Renato Ibarra y destellos de Rubens Sambueza fueron la constante en el partido. Un tiro libre de Michael Arroyo pusieron sobre advertencia a los universitarios. El planteamiento lavolpista, si bien tacaño con el espectáculo, lució inteligente, porque Moisés Muñoz tenía escaso trabajo.

América se encontró con un regalo arbitral en plena semana prenavideña. Pifia de Paul Delgadillo como si resultara una obligación la polémica con los silbantes en las finales azulcremas. El juez central marcó como penalti una falta inexistente de Jesús Dueñas sobre Oribe Peralta, al 25’.

Justicia divina. El “Cepillo” mandó al travesaño su disparo desde los 11 pasos y mantuvo la paridad sin anotaciones.

Tigres se mantuvo sin ser un cuadro daniño hacia adelante. Su profundidad, nula; la imaginación escaseó en las mentes de Guido Pizarro, Ismael Sosa, Jürgen Damm, Javier Aquino y Lucas Zelarayán. André-Pierre Gignac estaba desesperado hasta que se inventó un gol.

Yerro de Bruno Valdez. El paraguayo retrasó el balón hacia los pies del francés. El artillero, cual hechicero, amagó a un inerme Paolo Goltz. Le mostró el esférico y se lo llevó por velocidad. Definición de crack por enmedio de las piernas de Moi. La UANL necesitó el brillo de su astro para poner el 1-0 (44’), justo antes del descanso.

Celebración de boxeador. Intercambio de golpes al aire de Gignac. Su sexto gol en la Liguilla silenció al Azteca. Golpe felino, zarpazo puntual contra la moral americanista.

Pero a un grande no se le noquea con un solo gol. Las Águilas son duras de matar, a menos de que el nombre del contrincante sea Real Madrid.

Con más gallardía que buen juego de conjunto, los azulcrema se hicieron de la pelota. Empuje que generó pocas llegadas sobre la portería de Nahuel Guzmán. Sin embargo, a veces un tiro de esquina es suficiente para la resurrección emplumada.

Y se dio en el minuto 67. Bruno Valdez aprovechó un balón peinado para hacer el gol del empate.

Los norteños, quienes renunciaron muy pronto al ataque, pagaron el precio de ser una escuadra cercana a Ricardo Ferretti. Replegarse cuando se tiene el control del juego en vez de “matar”, tiene un costo. Fue el empate a favor del América.

Por si fuera poco malestar para la visita, Gignac terminó por salir de cambio lesionado. Se lo iban a llevar en ambulancia a revisión médica, pero el europeo se resistió. Beneplácito de América por no tener al peor de los enemigos en la cancha.

Con la anotación, el “Coloso de Santa Úrsula” se convirtió en una olla de presión. Provocó nerviosismo en los Tigres, conformes con la igualada en la Ciudad de México.

La final sigue sin claro favorito. “El Volcán” será definitivo. La estrella 13 del América y un centenario de gloria o el quinto rugido felino desde el trono de la Liga MX. La Navidad futbolera promete ser cardiaca.

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