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Monterrey.— Se saludaron y sonrieron entre sí antes de marcharse al camerino, aunque sólo para cumplir con el trámite. El rostro de piedra que mostraron segundos después resultó el fiel reflejo de la frustración experimentada por Ricardo Ferretti y Antonio Mohamed.
Porque la igualada (1-1) en la edición 109 del clásico regimontano les sirvió de poco. Es cierto que los Tigres siguen en los primeros sitios de la clasificación, pero una victoria les habría dado el boleto a la Liguilla, etapa que ya luce como simple utopía para el Monterrey.
Eso explicó la desazón de los hombres que dirigen a dos de los planteles más poderosos en la Liga MX, esos que no se han mostrado a plenitud.
Sus pueblos no fallaron y les obsequiaron una sonora ovación tras el silbatazo final del árbitro Fernando Guerrero, quien recibió innumerables protestas del visitante.
Los Rayados gobernaron gran parte del cotejo, pero carecieron de sangre fría... Como en buena parte del Apertura 2016, lo que les tiene al borde de la eliminación. Sólo pudieron vencer a Nahuel Guzmán gracias al involuntario desvío de Guido Pizarro, a disparo de César Montes (72’).
Diminuto premio para un equipo que se fue abajo en el marcador con el certero cabezazo de Ismael Sosa, a servicio de Javier Aquino (38’). Mas no suficiente.
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