Desde que las televisoras se hicieron dueñas del Tri, llámense Televisa o TV Azteca, hay una cláusula en el contrato que indica que los reporteros de dichos medios podrán alojarse en el mismo hotel que la Selección, sin restricciones. Hasta ahora. Nos cuentan que en Nashville, Tennessee, donde los verdes derrotaron a los neozelandeses, en cuanto la dirección de selecciones se dio cuenta de que los enviados del otrora Canal de Las Estrellas estaban hospedados en el mismo piso que los seleccionados, hicieron los ajustes necesarios para que los cambiaran. ¿Cuál será el temor? Quizá que se vayan a enterar de la intimidad de la Selección, pero, como decía la abuela: el que nada debe, nada teme. Además, para eso están las etiquetas de “do not disturb”.

Gringos y su cántico de guerra

Ya se acabaron los boletos para el partido eliminatorio del 11 de noviembre que jugarán Estados Unidos y México en el Mapfre Stadium de Columbus, Ohio. Ante la gran demanda, se repartieron por medio de una lotería y los afortunados serán avisados del descuento en su tarjeta. Mientras tanto, los fanáticos del vecino país preparan su cántico de guerra, un “¡dos a cero!” en español y en tono burlón. Es el resultado adverso de los últimos cuatro juegos del Tri en esa cancha, considerada el “Azteca” de los gringos, pues es el único lugar donde tienen garantizada mayoría en las gradas. Ya es sabido que México es prácticamente local en otras latitudes de Estados Unidos. Pero allá en el norte mandan los locales.

A Chile para retratar a Gamboa

Nos cuentan que Miguel Ángel Gamboa recibió con genuina sorpresa al equipo editorial del libro “100 Años de Grandeza”. En Santiago de Chile, este ex jugador del América, pensaba que ya se habían olvidado de él. Sumamente emocionado accedió a la sesión de fotos y hasta pensó en venir, pero ya no se concretó su viaje, pues actualmente entrena a una escuadra juvenil. Gamboa, quien es considerado uno de los mejores extremos izquierdos azulcremas, se muere de ganas por tener el ejemplar de dos fascículos en sus manos. Para este libro la fotógrafa Gabriela Saavedra viajó a varios países para retratar a Batata y muchos otros ídolos de Coapa.

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