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daniel.blumrosen@eluniversal.com.mx
Toluca.— Sus auxiliares le ofrecieron una chamarra en varias ocasiones, estaban preocupados porque se echara a perder el fino traje azul marino que portaba, pero lo que realmente afligía a Matías Almeyda era lo que no servía sobre el húmedo césped del estadio Alberto “Chivo” Córdoba.
Eso explicó que el director técnico del Guadalajara ni siquiera se inmutara con la fugaz tormenta que azotó a la capital mexiquense. Suficiente para dejar inservible su “outfit”, no para despertar a un equipo que volvió a mostrar su lado más oscuro durante la primera mitad.
Las Chivas terminaron el juego con cuatro hombres en el ataque (Ángel Zaldívar, Carlos Cisneros, Alan Pulido y Marco Bueno). No les bastó para revertir el daño sufrido durante los 45 minutos iniciales, esos en los que el Toluca construyó un valioso triunfo (2-1) que lo mete a la lucha por los puestos de Liguilla.
Severo golpe recibido por las Chivas, quienes arribaron al hogar temporal de los Diablos Rojos con ocho juegos sin perder entre Liga y Copa (cuatro victorias y cuatro empates), así como 220 minutos de imbatibilidad en el Apertura 2016. Todo quedó hecho añicos en 90 segundos.
El local planeó un juego en el que aprovecharía la lentitud e inexperiencia de los defensas centrales Hedgardo Marín y Miguel Basulto. Le resultó a la perfección.
Porque la jugada en la que Fernando Uribe abrió el marcador (1’) fue el “modus vivendi” de los mexiquenses: se agazaparon y contragolpearon con veloces latigazos. El primero fue ensayado por el inteligente volante argentino Pablo Barrientos, quien metió la pelota entre los dos marcadores tapatíos. El colombiano llegó a la cita. Lo demás, simple rutina para un depredador.
Ese por el que el “Pelado” tanto suspiró en la zona técnica del “Chivo” Córdoba. Zaldívar tuvo un par de opciones, pero volvió a demostrar que su talento no tiene que ver con dinamitar las áreas contrarias. Lo del chico es movilidad y entrega, a diferencia de Pulido, quien volvió a anotar en la hoy llamada Liga MX tras casi dos años y medio. No lo hacía desde el 26 de abril de 2014, cuando firmó la anotación con la que los Tigres superaron al Atlas (2-1).
Sensación muy diferente a la de ayer, porque su primer tanto con el Rebaño Sagrado —dentro de la Liga— fue amargo. No sirvió para rescatar una unidad y alargar la racha invicta en todas las competencias. Eso sí, sirvió para demostrar que el olfato goleador del ex futbolista del Levadiakos y el Olympiacos está intacto. Se encontró el esférico dentro del área y no falló (76’).
Única emoción para los miles de aficionados rojiblancos que volvieron a hacer local al Guadalajara. El campus de la Universidad Autónoma del Estado de México, en el que está ubicado el inmueble, se colapsó por la presencia de los jaliscienses.
El problema es que ellos también la pasaron mal antes de que el cielo se cerrara y cayera la tormenta que dañó el traje de Almeyda. Además de recibir un “gol de vestuario”, fueron incapaces de acorralar al Toluca, tal como sucedió en el complemento.
La lentitud de Basulto y Marín volvió a quedar de manifiesto cuando Uribe recogió aquel balón que ningún futbolista del Guadalajara atinó a despejar. El meta Rodolfo Cota también llegó tarde y cometió el penalti que el “Pitu” Barrientos cambió por gol (37’).
Suficiente daño para imponerse a un adversario que, sólo dentro de la Liga, llegó al juego con cinco presentaciones sin caer (dos triunfos y tres igualadas). Sí, aún resentido de la lesión muscular sufrida en el amistoso contra el Houston Dynamo de hace dos semanas, Jair Pereira jugó su mejor partido a la distancia. Se espera que esté listo para enfrentar pasado mañana a los Tigres, dentro de la fecha doble.
Nueva decepción con ese uniforme que ha polarizado opiniones en el numeroso pueblo rojiblanco. La franja azul y roja en el pecho no gusta a muchos... Y para colmo, el más reciente descalabro del equipo fue con esa vestimenta (0-4 ante los Xoloitzcuintles de Tijuana).
Fue lo de menos para Matías Almeyda, quien no se sentó ni un segundo. Dio lo mismo el fuerte sol del primer tiempo o la feroz tromba durante el inicio del complemento. Lo que verdaderamente le dolió fue que su equipo volvió a obsequiar 45 minutos... Justo cuando empezaba a soñar con lo más alto.
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