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daniel.blumrosen@eluniversal.com.mx
Faltaban casi 40 minutos por jugar, pero Darío Verón demostró que no sólo se mantiene como el defensa que marca diferencia en los Pumas, su veteranía ya le permite diagnosticar los partidos en pleno trámite. Fue como si estuviera congelado o el árbitro Roberto García hubiera silbado. Nada de eso. El hoy capitán sin gafete del Universidad obsequió la mejor estampa del duelo: se detuvo, pisó el balón y puso las manos en la cintura, mientras ningún jugador de Cruz Azul se le acercó.
Inmejorable rasgo de un empate (0-0) que enardeció a la de por sí acalorada multitud. Eso explicó el sonoro abucheo tras el final. La Máquina sigue sin anotar en el Apertura 2016. Los felinos también, aunque la suerte de la semana anterior contra el Guadalajara les permite sonreír.
Francisco Palencia reflejó cierta satisfacción al ingresar al vestuario en la que fue su casa por varias décadas. No hubo reproches al canterano cementero que regresó como entrenador y un puma tatuado en el pecho. Incluso recibió algunos aplausos y hasta el abrazo de Tomás Boy poco antes de arrancar.
Numéricamente, el “Niño” aprobó el especial examen que le presentó el calendario. Cuatro de seis unidades disputadas le permiten tener cierta tranquilidad. A su equipo le falta futbol y “punch”, porque el triunfo sobre las Chivas llegó gracias a un autogol. Es lo de menos...
A diferencia del ‘Jefe’, cuya Máquina volvió a padecer de sangre fría a la hora cero. Los casi 30 grados de temperatura que asfixiaron al Azul mermaron a los jugadores. Ninguno como Joffre Guerrón, quien volvió a ser el “villano favorito” del fastidiado pueblo celeste.
Jorge Benítez jugó sus primeros minutos en el campeonato y no desentonó. Realizó dos buenos disparos en la segunda mitad. Ambos, brillantemente resueltos por Alejandro Palacios.
La anemia ofensiva de los Cementeros en casa se extendió. Si se toma en cuenta el torneo anterior, ya suman 413 minutos de Liga sin marcar en el Azul, donde ha cumplido 148 días sin ganar dentro del certamen más importante. No lo hace desde el 27 de febrero (4-0 al Monterrey). Datos que amargaron más a Boy y sus dirigidos. De poco les sirvió tener el balón el 54% del tiempo y realizar cuatro disparos al marco rival. Los Pumas no exigieron a José de Jesús Corona una vez. No fue necesario.
Mantiene el cero en su portería durante el torneo, pero desgarró su garganta en pos de alentar a un conjunto que esta vez parece no querer construir frágiles ilusiones. Dos partidos han bastado para demostrar que, por ahora, esta versión de La Máquina tiene más nombres que hombres.
Jonathan Cristaldo se presentó como local en la Liga, pero acabó ahogado —al igual que sus compañeros— en un mar de dudas.
Esa que demostraron en aquella jugada de Verón que describió perfectamente lo sucedido sobre el hirviente césped. Partido con mucho sudor y pocas emociones para el actual símbolo de los Pumas, quien cumplió 500 cotejos con clubes mexicanos en todas las competencias (reforzó al Pachuca en la Copa Libertadores 2005).
Hace tiempo que dejó de ser rápido, pero ganó ubicación y mantiene la potencia física que enamoró a los universitarios.
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