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daniel.blumrosen@eluniversal.com.mx
Justo cuando faltaban cinco minutos por jugarse y casi 40 mil corazones aún latían en pos de un gol que marcara diferencia, las encendidas miradas de Tomás Boy y Matías Almeyda se encontraron. Ambos sonrieron tímidamente, gesto con el que sellaron el resultado.
El Cruz Azul y el Guadalajara continúan sin ganar en el Clausura 2016, pero tampoco han perdido. Segundo empate para los dos en el certamen. Éste (1-1) pareció dejarles más beneficios sentimentales que numéricos.
Porque el punto no sirvió para exorcizar a los fantasmas que acechan a cada uno. La Máquina no conoce el triunfo en casa bajo la dirección técnica de Tomás Boy (tres empates y una derrota). Fuera del estadio Azul es temible (par de victorias y dos igualadas), mas sufre en la antigua Ciudad de los Deportes.
Eso explicó la amargura de los pocos aficionados cementeros tras el silbatazo final de Roberto García. Fueron visitantes en su hogar. El pueblo rojiblanco cumplió el vaticinio de Jorge Vergara: fue mayoría en las gradas (70% aproximadamente), aunque su carmesí equipo (estrenó uniforme alternativo) perdió gas después de 10 minutos de auténtico vértigo.
Antes de que se cumplieran los primeros 600 segundos, las Chivas dispararon cinco veces a la meta defendida por Guillermo Allison. Orbelín Pineda fue el único que acertó.
El joven refuerzo del Rebaño Sagrado concluyó una jugada que mostró el ímpetu tapatío y la fragilidad de la zaga celeste. Carlos Cisneros desbordó por la banda izquierda y metió un servicio que Omar Bravo no pudo conectar. El balón escurrió hasta Isaac Brizuela, quien lo regresó a la zona de dolor. El guerrerense no perdonó. Definición que pasó entre las piernas del guardameta suplente de los Cementeros (5').
Las dos cabriolas con las que celebró su primer tanto en el Guadalajara lucían como el preludio de una fiesta teñida de rojo y blanco... Hasta que los regaños del ‘Jefe’ despertaron a sus futbolistas.
Los jaliscienses dispararon cinco veces durante los 10 minutos iniciales. Tuvieron la misma cantidad de ensayos en los restantes 80.
Los celestes ganaron la batalla en la trinchera gracias a la efectividad de Rafael Baca en la recuperación, auxiliado por el talentoso Aldo Leao Ramírez y el luchón Ariel Rojas. Israel Castro no estuvo a la altura, por lo que Almeyda le sustituyó con Carlos Salcido cuando faltaba más de media hora por delante.
Aunque su socio en la trinchera, el talentoso Orbelín, cometió el error que abrió las puertas del empate.
El ex jugador del Querétaro controló mal la pelota y la dejó a merced de Ramírez, quien rápidamente tocó a Jorge Benítez. El paraguayo demostró ser mucho más que un fortachón delantero. Sí, se valió de su físico para ganar la posición, pero también presumió habilidad para deshacerse de Raúl López, Jair Pereira y Carlos Salcedo. La definición fue potente (43').
Una fracción de segundo antes de que el guaraní estremeciera las redes visitantes, Boy comenzó ese peculiar baile que es ‘copyright’ suyo. Sentía que el gol cambiaría el rumbo del cotejo en el complemento. No se equivocó, su equipo lo gobernó, pero no le alcanzó para llevárselo.
Lo que se ha vuelto una costumbre para La Máquina cuando recibe al Guadalajara. Han igualado ocho de sus más recientes 10 confrontaciones en la ciudad de México (un triunfo para cada equipo).
El multitudinario apoyo proveniente de las gradas tapizadas de rojo y blanco le permitió resistir el temporal y hasta coquetear con la victoria gracias a aquel fuerte cabezazo ensayado por Salcedo. Allison realizó una atajada inolvidable (91’).
Almeyda se quedó con el grito de gol atorado en la garganta. Por segunda semana consecutiva, los tres puntos se le han ido, situación dolorosa para un club que lucha por no perder la categoría. No ha estado en desventaja durante el campeonato, pero no sabe cerrar el resultado.
El futbol que pretende el 'Pelado' enamora por momentos, pero su equipo apenas ganó uno de los más recientes ocho juegos de Liga (cuatro empates y tres derrotas). La Copa MX ganada hace unos meses se presume en las vitrinas, pero no influye en la batalla por no descender.
El director técnico argentino lo sabe bien. Clavó la mirada en el césped tras el final. Pocos minutos antes, pareció conforme con no ser derrotado y sumar otra unidad, al igual que Boy, mas un golpe de realidad le cimbró al hacer cuentas. Su rival estratégico irradió lo mismo. Ambos buscaron no perder. Lo hicieron, aunque la unidad les sabe a poco.
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