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La policía intentó, pero no pudo evitar incidentes de violencia. El Cruz Azul-Pumas convocó a dos de las aficiones más radicales del futbol mexicano, las cuales no se contienen, pese a lo estricta que fue la vigilancia.

Una golpiza, reventa, ingestión de cerveza en la vía pública y hasta algunos intentos de agresión con piedras, caracterizaron los momentos previos al choque en el estadio Azul.

Granaderos por doquier. La presencia de la barra felina suele poner en alerta a los uniformados, que batallan para que el ingreso de esa ‘hinchada’ llegue a buen puerto. En cuanto pasan los camiones con los seguidores auriazules, un puñado de fanáticos celestes intenta agredirlos, mediante pedradas, pero sin que pase a mayores.

Hubo quienes intentaron ingresar sin boletos o con algún objeto prohibido. Otros fieles pumas ingirieron cervezas afuera de las tiendas de conveniencia, apenas a algunos metros de distancia de los policías, quienes dejaron sin sanción a los infractores.

Agresiones verbales a distancia y otras más cercanas entre los fans contrarios. Desde mentadas de madre, hasta empujones. Sobre todo, los radicales se aprovecharon de quienes no lo son; es decir, aficionados de pie, comunes y corrientes, para soltarles golpes. Cerca del coso, un joven con camiseta auriazul fue golpeado por alrededor de seis cementeros, quienes corrieron en cuanto observaron que las autoridades los perseguían.

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Una vez dentro del estadio, entre los mismos ‘hinchas’ de Universidad se liaron a golpes, para indicar que en este tipo de partidos, la violencia está.

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