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Nueva Jersey.— Durante mucho tiempo, la supremacía del futbol de la Concacaf se disputaba entre dos selecciones: México y Costa Rica. Por eso, la rivalidad entre estos equipos creció, se hizo férrea y clásica.
El tiempo pasó. México se volvió ‘Gigante’ y Costa Rica trascendió, luego de un proceso de estancamiento. La rivalidad perduró a través de los años.
Llegó el presente y en esta Copa de Oro en lo particular, ambas naciones dejaron su prosapia de lado, al clasificar en el segundo lugar de sus respectivos grupos y verse las caras en una estancia en la que no debían encontrarse.
“Cómo atacantes es hora de responder”, aseguró Oribe Peralta, hoy de inicio en pareja con Carlos Vela. “Esto se gana con goles y aunque es labor de equipo, sabemos que en nosotros recae la principal responsabilidad”, añadió.
El otrora Clásico de la Concacaf se ha devaluado y con esa etiqueta, México y Costa Rica se verán en cuartos, en el estadio MetLife, casa de Giants y Jets, en el futbol americano.
A ambas naciones no les fue nada bien en la primera fase. México apenas venció a Cuba. Los ticos aún no ganan. Tres empates le ayudaron a avanzar.
“Costa Rica debe de afrontar que en estos momentos son los mejores del área, lo que hicieron en la Copa del Mundo de Brasil 2014 así lo marca. Tienen la obligación de sentirse un equipo sólido”, explicó el estratega Miguel Herrera.
De lado costarricense se encuentra un histórico, un otrora emblema tico, Paulo Wanchope, quien tomó la estafeta después del “golpe de estado” que se le dio al técnico colombiano Jorge Luis Pinto. El ex delantero ha tenido que vivir bajo la sombra de Pinto en Brasil. Para colmo, las coincidencias entre el ‘Piojo’ y Wanchope los llevan a un pasaje crítico, porque parece que los dos se juegan el puesto en este partido. El que se vaya tendrá que entregar cuentas a su federación.
En un clásico devaluado todo puede suceder. La rivalidad puede volverse a calentar. El técnico ganador seguramente quedará fortalecido. Todo lo que se juega en 90 minutos.
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