Real de Catorce vive la Revolución

Este pueblo de SLP se remonta año con año a la época revolucionaria con Zapata y Villa

Ambientado con música norteña, turistas y lugareños conmemoran su historia y generan identidad. JUAN BOITES. EL UNIVERSAL
Cultura 21/11/2015 02:03 Real de Catorce Armando Mora / Enviado - Clínica de Periodismo Actualizada 06:44
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Los jefes revolucionarios Villa y Zapata, 14 bandidos y el cura de la región son algunos de los personajes recreados cada año por turistas y lugareños en Real de Catorce, un Pueblo Mágico asentado en San Luis Potosí, que recibe cada noviembre a cerca de mil personas, quienes convierten las edificaciones y calles de piedra en una gran locación en la que se remontan 100 años al pasado.

En la calle principal suenan las botas negras y bien lustradas de Virgilio, un regiomontano que personifica al general Villa. Ser el “Centauro del Norte” es un compromiso con el pueblo, dice con su acento norteño mientras observa a su ejército, Los Dorados, que alistan armas y esperan la orden para marchar al combate.

A un costado, un hombre con bigote mantiene una mirada retadora, camina lento, pero con firmeza y se cuelga una carabina, la gente le grita ¡Zapata, Zapata! Se trata de Mario Carvajal, que caracteriza al “Caudillo del Sur”. “Me siento muy orgulloso de representar a un hombre al que admiro”, dice.

“Es como ir al pasado”, expresa una mujer. “Es como teatro en un escenario grandote”, contesta su hija. Ambas se ven alegres con sus vestidos largos, blancos y con encaje, sus sombreros rojos de ala ancha y sus guantes blancos; otras prefieren lucir combativas y se amarran rebozos, se trenzan el cabello, lucen faldas largas con colores vivos, y aunque portan un arma, también sonríen y bailan al compás de “Si Adelita se fuera con otro la seguiría por tierra y por mar...”.

Situado a 2 mil 750 metros sobre el nivel del mar, este pueblo recibe a cada uno de sus visitantes por el Túnel Ogarrio, llamado así en honor a la localidad española del mismo nombre, un camino construido debajo de un cerro por mineros en 1901, que cuenta con 2.3 kilómetros de recorrido. Este túnel, cuenta Petra Puente, ex alcaldesa del municipio, fue hecho a petición de Porfirio Díaz tras su visita al pueblo en 1896, “el primer turista” que recibió Real de Catorce, asegura.

El camino cuenta con poca luz, sólo cabe un carro y padece de filtraciones de agua debido al monóxido de carbono. Sin embargo, éste es el transportador en el tiempo, traslada de una época contemporánea a una antigua de tonalidades grises y sepias en la que confluyen las épocas colonial, independiente y revolucionaria.

Real de Minas de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce es el nombre original de este pueblo, nombrado así porque pertenecía al rey de España, veneraban a la virgen María de piel blanca y se caracterizaba por su riqueza de árboles, especialmente de álamos, relata Felipe Frías, cronista del pueblo.

Y Catorce, continúa, “se debe a que existía una banda de asaltantes que robaba los reales y la plata a la corona, así que el alcalde de Cadereyta, en Nuevo León, mandó la orden de que los agarraran vivos o muertos. Como no se dejaron agarrar vivos, los tuvieron que matar y cuando juntaron los cuerpos se dan cuenta que son 14. Ellos emboscaban las diligencias, iban a las partes bajas de las montañas y una vez que robaban se escondían en el pueblo”.

Declarado Pueblo Mágico en 2001 por la Secretaria de Turismo, Real de Catorce celebra el Festival Revolucionario desde 1988 en conmemoración del centenario de la fundación de la plaza en 1888.

Este festejo, que reúne a más de mil visitantes cada año, busca animar con una carrera de burros que se realiza sin interrupciones desde 2001.

En esta competencia se registran entre 20 y 40 concursantes por año en busca de un incentivo económico que va de los 500 a los mil pesos, repartidos a los tres primeros lugares y una paca de alfalfa para cada burro que cruce la meta.

Ambientada con música norteña de la Tambora La Revoltura, los asnos alistan las pezuñas y se encarreran por la pista empinada de 1.2 kilómetros hasta cruzar la línea, al tiempo que el jinete golpea y busca el triunfo.

Los premios los entrega el alcalde Francisco Calderón a Ismael y Juanito, pero el gran ganador es Santiago, un niño de nueve años ovacionado por el público.

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