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Despiden a Ignacio Padilla

Colegas y amigos celebraron la obra y la inteligencia del narrador fallecido el pasado sábado

María Cristina García Cepeda y Jaime Labastida encabezaron la guardia de honor; también estuvieron Carlos Prieto, Silvia Molina y Daniel Goldin (ESPECIAL)
Cultura 22/08/2016 01:23 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 03:10
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Nacho no lo creería, seguro sonreiría con su mirada clara y su amplia y delgada sonrisa, pero es verdad, sus restos mortales abandonaron la funeraria en medio de unos goterones que pronto se convirtieron en una tupida lluvia. Así, con el cielo llorando, fue sepultado en el Panteón Francés La Piedad, y despedido por su padre Francisco, por sus hermanos Francisco y Rodrigo; y sus hijos, Constanza y Rodrigo.

Al escritor de 47 años, que murió el pasado sábado en un accidente automovilístico, lo sobrevive su obra compuesta por más de 30 libros y una trayectoria académica y literaria sólida, que fue destacada por amigos, compañeros y funcionarios, quienes acudieron a despedirlo. “Fue una gente fuera de serie”, dijo su padre, don Francisco Francisco Jerónimo Sebastián de Aparicio Padilla.

Fue él quien, en representación de la familia dijo que la muerte de Nacho, como le decían sus amigos, es una gran pérdida “no nada más para la familia, considero que para mi patria, México, también es una gran pérdida”, señaló el hombre de quien sin duda el escritor heredó su humor y bonomía.

“Estás loco”, recuerda don Francisco que fue la frase que le respondió a Nacho, su hijo, cuando éste le dijo que quería ser escritor. Los años le demostraron al padre, que Nacho tenía vocación y que tras perseverar se convertiría en uno de los más importantes escritores de su generación.

Por tradición familiar, conservadora, de Zamora, Michoacán, don Francisco creía que las buenas profesiones eran médico, arquitecto, abogado y químico “¿pero escritor? Por favor, te vas a morir de hambre”, le dijo. También reconoció que ha leído las obras de su hijo: “No me ha gustado todo. Unas cosas me han gustado más, me usaba como conejillo de indias, me pasaba sus primeros escritos y yo le decía ‘seguramente debe ser una gran obra de arte porque no entendí ni madres’. Años después, él se vengó”, concluyó el padre de Padilla, quien aseguró que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le rendirá un homenaje especial y que sabe que Nacho será, con el tiempo, reconocido cada vez más.

En la despedida del escritor que fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, privó la consternación ante una muerte tan temprana de un autor en plena madurez creativa. Adolfo Castañón, compañero de Nacho en la Academia, dijo: “Era una persona muy veloz, en términos intelectuales, y se fue con esa velocidad; y esa pérdida, es una pérdida que no nos hemos dado cuenta todavía... Yo creo que el genio de Ignacio Padilla, más allá de dejar constancia, tiene que ver con una inteligencia e inspiración relacionada y alimentada por la analogía, por el contraste, por la comparación y por el cotejo”.

Jaime Labastida, director de la institución, reiteró que la Academia Mexicana de la Lengua, como es tradición, le realizará un homenaje pasados los seis meses de duelo. “Nacho era un hombre que estaba en pleno desarrollo, un escritor que había alcanzado su madurez y eso hace todavía más lamentable su muerte porque estaba en la flor de su madurez literaria”, dijo el editor que recordó que hace más de 20 años él publicó el primer libro de la llamada Generación del Crack.

Marina Núñez Bespalova, directora de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, y María Cristina García Cepeda, directora del INBA, aseguraron que habrá un homenaje, pero cuando la familia lo decida. En tanto planean la reedición de la obra de Nacho Padilla, en especial la reunión de sus cuentos, que él ya había iniciado.

Durante el homenaje a José Agustín por los 50 años de su novela De perfil, en el Palacio de Bellas Artes, encabezado por Enrique Serna, Rosa Beltrán y Juan Villoro, se guardó un minuto de silencio. AIlí, Villoro dijo que Padilla estaba en plenitud de su obra. “Nos quedan sus libros y a través de ellos seguiremos conversando siempre con Padilla”; dijo que desde joven tenía un gran talento y que los escritores mayores le profesaban admiración.

Ignacio Padilla murió, pero queda su obra, queda mucho por leer y releer de una obra de amplio registro, luminosa, vital, inteligente y divertida.

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