Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura 1971, fue despedido ayer en la antigua sede del Congreso, antes de que sus restos regresen este martes a la tumba frente al mar de la que fue exhumado hace tres años para establecer si murió de cáncer o fue asesinado en los inicios de la dictadura militar. La interrogante sigue vigente.

“Es un momento histórico”, dijo Rodolfo Reyes, sobrino del poeta. El escritor chileno fue honrado, en el otrora edificio del Congreso, por varios grupos que incluyeron el Partido Comunista, en el que militó hasta su fallecimiento el 23 de septiembre de 1973. La muerte le llegó a Neruda un día antes de su planificado exilio en México, invitado por el entonces presidente Luis Echeverría.

Durante 40 años la familia y la Fundación Neruda creyeron la versión oficial de que murió de cáncer de próstata, hasta que en 2011 su chofer, Manuel Araya, declarara que lo habían envenenado mediante una inyección. 

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