17 | NOV | 2019
Foto: Archivo

Steve McCurry fotografía el íntimo placer de la lectura

17/10/2016
18:32
Madrid
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McCurry editó un trabajo donde explora, a través de fotografías, el "placer supremo" de la lectura

​Leemos para no estar solos pero justamente ese, el de leer, es un placer íntimo, y así lo entiende el fotógrafo Steve McCurry que, en homenaje al legendario André Kertész, reúne 62 imágenes de personas en el absorbente acto de meterse en un libro, un periódico o una revista, y lo hace a lo largo de 30 países.

Phaidon acaba de editar en España y Latinoamérica Sobre la lectura, las imágenes de McCurry prologadas por un extenso ensayo de su compatriota Paul Theroux (1941), conocido tanto por sus novelas como por sus libros de viajes, en el que subraya que "la mayor diferencia en el mundo es que hay gente que lee y gente que no lee" y que "la mayoría no lee".

Sin embargo Steve McCurry (Darby, Pensilvania, 1950), un icono de la fotografía contemporánea desde hace más de 30 años, miembro de Magnum, con docenas de portadas de revistas, una docena de libros y centenares de exposiciones en todo el mundo, ha logrado sorprender a muchos de los que sí leen en el privado momento de la lectura.

Se trata de una colección personal de fotografías realizadas durante cuarenta años de viajes, con las que rinde homenaje no solo al "placer supremo" de la lectura sino a un trabajo similar que el húngaro Kertész, compañero suyo en Magnum, publicó en 1971.

Son fotografías en color de personas ausentes, ajenas al objetivo aunque hay dos que miran a la cámara: una escolar de Afganistán que abraza celosa sus libros y un niño en China subido a una estatua que lee.

Los protagonistas son monjes, vendedores ambulantes, el propio Theraux sentado en un bazar de Hot Springs (Arkansas, Estados Unidos), taxistas, perros, escolares, raperos, camareros y clientes, pasajeros de avión... y una mujer tatuada en una calle de Barcelona.

Oratorios, aceras, cuevas o parques son espacios en los que la cámara entra sin perturbar, sin pedir permiso, espiando escenas como la de unos niño mutilados a los que adultos sin piernas leen desde su sillas de ruedas.

"La gente dice que lee para aparentar, porque se elogia la lectura y se considera una actividad inteligente y maravillosa y no quiere que nadie les tache de tontos o perezosos. Pero leer exige un esfuerzo mental, capacidad de concentración, una curiosidad y una capacidad de entendimiento vivas y el dominio de la soledad", subraya Theroux.

Leer, dice, es "un asunto serio, pero los lectores casi nunca se aburren o se sienten solos, porque leer es un refugio y una fuente de iluminación. Siempre hay algo luminoso en el rostro de una persona que está leyendo".

En su ensayo el escritor hace un recorrido por las lecturas que le han marcado, los libros que le han impresionado, los que le ayudaron a ser escritor, los que conserva y los que relee.

"Las maravillosas fotografías de este libro -describe Theroux- son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación de descubrimiento y la insinuación de la alegría".

Hojear este libro, detenerse en los detalles de las imágenes, "espiar" a quienes tienen un libro entre las manos, añade el escritor norteamericano, muestra que "el idioma de los libros es lo que une a los que leen", que "un libro que no tiene nada que ver con la vida de uno se apodera de su imaginación" y que "la lectura es una habilidad y un placer".

"Leer ha sido siempre mi refugio, mi placer, lo que me ilumina e inspira; mi hambre de palabras bordea la glotonería. En los tiempos muertos sin un libro, leo las etiquetas de la ropa o los ingredientes de las cajas de cereales. Mi versión del infierno es un lugar sin nada que leer", revela. 

nrv

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