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Rodrigo Ortega, bailarín de la Compañía Nacional de Danza, para The Male Dancer Project (CORTESÍA CARLOS QUEZADA)

“Soy un fotógrafo que busca la perfección"

08/07/2016
03:50
Alida Piñón
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Las imágenes de Carlos Quezada están en promocionales de grandes teatros como la Scala de Milán y compañías alemanas; ahora impulsa su The Male Dancer Project

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El joven fotógrafo mexicano Carlos Quezada ha logrado la atención de las más importantes compañías de Alemania como el Ballet Zürich, el Stuttgarter Ballet y el Staatsballet Berlin, así como los elogios de sus directores artísticos, entre ellos Nacho Duato. Sus imágenes han sido utilizadas para realizar los promocionales de importantes teatros como la Scala de Milán y han aparecido en periódicos como The New York Times.

En México inició como bailarín del Ballet de Monterrey y del Taller Coreográfico de la UNAM, tras una lesión mientras estudiaba en Miami comenzó a dedicarse a la fotografía como un pasatiempo. Mientras se recuperaba físicamente, en Monterrey empezó a capturar imágenes de la compañía y a estudiar fotografía de manera autodidacta.

Ahí descubrió que su formación dancística le permitía capturar imágenes especializadas en danza.

En 2013 sufrió una nueva lesión en las rodillas y tomó la difícil decisión de abandonar la danza como intérprete y se convirtió en fotógrafo profesional. Al año siguiente buscó una oportunidad como fotógrafo de la Compañía Nacional de Danza, en donde trabaja hasta la actualidad. Además de su experiencia en Alemania, ha desarrollado paralelamente un proyecto llamado The Male Dancer Project, que consiste en retratos de bailarines para mostrar la belleza y la musculatura del cuerpo masculino. Una gran parte de su trabajo es exhibida en sus redes sociales y en septiembre próximo volverá a Europa. Además, en Durango, su ciudad natal, está presentando su primera exposición.

¿Fue difícil dejar de ser bailarín?

—Sí. Había trabajado y estudiado mucho. Me tomó muchísimo tiempo decidirme, me preocupaba mucho no tener empleo y no saber de qué iba a vivir. Pero así empezó todo, seguí adelante, la gente empezó a conocerme, tomé más experiencia y en la Nacional de Danza seguí creciendo. En 2014 me conoce Elisa Carrillo y se convierte en mi apoyo incondicional. Dos personas me han ayudado mucho, Elisa y Angélica Kleen, en Monterrey y luego en la UNAM.

¿Cómo nace The Male Dancer Project?

—Mi trabajo en la CND era registrarlo todo. No estaba muy satisfecho porque deseaba hacer algo que me perteneciera. Así empecé a hacer sesiones, hice un tipo estudio y empecé a probar cosas, luces, composiciones con el cuerpo, figuras, todo lo que se me venía a la cabeza. Quería algo mío. Empecé con chicas, pero creí que el ballet siempre gira alrededor de la bailarina, así que me dediqué sólo a los hombres. El proyecto adquirió una personalidad, quería fotos de bailarines y que fueran muy contemplativas. Todo lo que se ve en las fotografías está bajo mi dirección, desde la mirada hasta los dedos, ellos terminan hartos de mí. Soy un fotógrafo que busca la pulcritud y la perfección, no sé si lo consigo pero sí sé que soy obsesivo con los detalles. Ha tenido una gran recepción. Me han llamado de muchos países preguntándome cuándo voy para que bailarines formen parte de él. No he inventado el agua caliente y no he querido copiarle a nadie.

Tu trabajo lo compartes en redes sociales. ¿Cómo te ha ido con eso?

—Ahorita siento que todo está fuera de control. Fue un riesgo que decidí tomar, sabía que al compartirlo en Internet de algún modo dejaba de ser mío, pero ahora he bajado muchísimo la resolución para que no pueda tener otros usos. He hecho mucha labor para sensibilizar a las personas, para pedirles que sólo deben dar créditos. Eso es todo. Me interesa que las personas se acerquen a la danza a través de mi trabajo, que se conozca a los bailarines.

¿Qué es lo que buscas en tus imágenes?

—Me adapto a cada situación. Durante las funciones no tienes control de nada y si estoy en un ballet quiero contar una historia y busco que los bailarines se vean lo más sublimes posibles. Cuando están bailando hay un punto muy alto, un clímax, ese preciso instante es el que yo busco. Hay personas que me han dicho que no sabían que tal o cual movimiento ocurría y entonces se sorprenden al observarlo en mis imágenes. No soy un fotógrafo de registro, busco la esencia.

Y llega tu oportunidad en Alemania.

—Sí. Conozco a Elisa Carrillo durante una visita a México y le gustó mi trabajo. Me apoyó para ir y para que me conocieran en Alemania, ir a esas compañías es realmente muy difícil porque ya tienen a sus fotógrafos que son realmente muy buenos. Además, en Alemania cuidan mucho la imagen de sus compañías. Cuando llegué me encontré con gente que conocía mi trabajo, por lo hecho en la CND y por The Male Dancer. Elisa me dijo: “Yo te traje pero lo que sigue sólo depende de ti, tienes que demostrar a qué viniste”. Trabajé muchísimo. Horas después de que vieron mis fotos, las colocaron en los muros de la compañía con un agradecimiento de Nacho Duato.

¿Qué aprendiste sobre la danza?

—Pensé en muchas cosas estando allá. Fue un shock y entré en depresión. Ante lo que veía, me preguntaba cuándo en México íbamos a tener algo así. Como fotógrafo, el ojo se me afinó. Me impresionó ver a bailarines tan versátiles, en dos horas bailan El Lago, luego algo de Nacho, de Forsythe; tuve que estar muy vivo o no iba a funcionar.

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