Héroes y tiranos, santos y desharrapados que han hecho la historia de Roma desfilan en una imponente instalación mural con la que el artista sudafricano, William Kentridge rinde homenaje a la Ciudad Eterna.

“Triumphs and Laments” es el título de la obra, compuesta por 80 figuras, algunas con una altura de hasta 10 metros, que Kentridge ha apenas terminado de estampar en los murallones que defienden a la capital italiana de las crecidas del río Tiber.

A lo largo de 550 metros, entre los puentes Sisto y Mazzini, se suceden personajes como la “Loba capitolina”, el emperador Julio César, el papa Clemente, el arcángel San Miguel que libera a la ciudad de la peste o Marcello Mastroianni que abraza a Anita Ekberg en la Fontana di Trevi.

Bautizada ya por los medios como “la Capilla Sixtina de los murales”, la instalación será inaugurada el próximo 21 de abril, cuando se celebrarán los dos mil 769 años de la fundación de Roma.

Con la técnica del “stencil” (estarcido), el artista sudafricano ha utilizado la hidrolimpiadora en lugar de pintura, de manera que la capa de moho depositada en los muros ha sido removida con agua para hacer emerger las figuras simbólicas.

“La historia de Roma ha sido forjada por los acontecimientos, pero también por las piedras”, explicó Kentridge a los medios.

Confirmó que antes de plasmar las figuras en las paredes hizo una larga investigación iconográfica para que fueran fácilmente reconocibles.

Dijo que el mismo lugar elegido para la instalación es “parte de la obra”, no solamente porque el Tíber, con San Pedro de un lado y el gueto judío del otro, ha atravesado desde siempre la historia de Roma, sino porque “las figuras de alguna manera existían ya en los murallones, al igual que las esculturas, que como decía Miguel Ángel, preexisten en los bloques de piedra”.

Era sólo necesario, añadió, trabajar para que pudieran salir a la luz lavando la suciedad que cubría los murallones.

Kentridge confirmó que las primeras pruebas comenzaron en octubre pasado y en febrero inició la ejecución de la instalación con la participación de 12 técnicos y él mismo.

Se trata, sin embargo, de un proyecto temporal que desaparecerá con los años conforme se vuelva a formar el moho sobre las paredes.

“Es la primera vez que trabajo de esta manera: concebí esta obra hace 10 años y ahora finalmente está viva”, señaló.

La instalación recuerda a los artistas que plasmaron la identidad de Roma, como Miguel Angel Buonarroti o Bernini, pero también a figuras cinematográficas, incluida Anna Magnani que cae muerta en la cinta “Roma, ciudad abierta”, de Roberto Rossellini.

No faltan tampoco los espectros y fantasmas, como los homicidios de Aldo Moro y de Pier Paolo Pasolini, la llegada de los refugiados a la isla de Lampedusa, las invasiones bárbaras, los bombardeos del barrio de San Lorenzo en la Segunda Guerra Mundial o Giordano Bruno condenado a la hoguera.

“La loba capitolina que amamanta a los gemelos (Rómulo y Remo) lleva dentro de sí el origen de todo, pero termina esquelética, descarnada”, dijo Kentridge.

Señaló que la idea de la obra estuvo también influenciada por el caso de Giorgiana Masi, una estudiante de 18 años muerta durante una manifestación en 1977, que es recordada con una lápida en el vecino Puente Garibaldi.

El proyecto contó con fondos privados por 600 mil euros de las galerías Lia Rumma y Marion Goodman y según el ministro de Bienes Culturales, Dario Franceschini contribuye a acercar a los romanos a su río.

“Es además una gran obra de arte en el corazón de la antigüedad y espero que atraiga a los turistas antes de que sea cancelada por el tiempo”, declaró el funcionario durante una visita a la instalación.

rqm

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