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Inmensos dragones de varios centenares de metros serpentean por carreteras y aldeas de China con motivo de un festejo secular de vivos colores para venerar a esta criatura mítica, símbolo de la fortuna y de las buenas cosechas.
La fiesta, que deja unas imágenes impactantes, forma parte de un conjunto de celebraciones de la provincia de Fujian (este). Se trata de una tradición que los hakkas, chinos con una identidad cultural distinta a la del resto del país, organizan cada año por la fiesta de las linternas, en el 15º día del Año Nuevo lunar.
El dragón está destinado a alejar la mala suerte y atraer la lluvia anhelada por los agricultores del distrito de Liancheng, una zona rural de Fujian.
En el pueblo de Gutian, los habitantes inauguran los dos días de procesiones cortando la cabeza de un cerdo en el recinto de un templo. La sangre escarlata del animal, recogida en un barreño, se vierte después en la cabeza del dragón, de esqueleto de madera y piel de papel.
Decenas de hombres portan a continuación la imponente criatura por granjas y aldeas. La cola del animal, separada del resto del cuerpo, va por su lado pues, según los habitantes, unirla al cuerpo traería demasiadas precipitaciones.
Por la noche, el dragón desfila delante de un edificio gubernamental al son ensordecedor de los petardos. Después, es desmontado provisionalmente.
Al día siguiente, se vuelve a montar. Primero se levanta su cabeza y, después, se van ensamblando el resto de partes, hasta que el animal recobra vida. Por último, se prende fuego al animal dentro del templo, allí donde comenzó su vida, lo que simboliza un sacrificio en aras de un año de abundancia.
Unos días antes, la antigua y protegida aldea hakka de Peitian había organizado su propio desfile de 11 dragones iluminados. Una tradición que data de la dinastía Ming, que dirigió China de 1368 a 1644.
sc
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