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Hace 25 años que el empresario estadounidense Sidney Levy, radicado en Miami, comenzó una obsesión con Pepito “el de los cuentos”.

Sus empleados de origen mexicano se contaban entre sí varios chistes, teniendo al niño como protagonista, y no entendía exactamente qué era eso.

Buscó comprar los derechos, pero evidentemente, la situación era un chiste en sí, pues Pepito es de dominio popular. Y entonces decidió buscar cómo hacer una película.

En 2007 se topó con el realizador mexicano Joaquín Rodríguez y juntos comenzaron a darle vida a un guión que, desde hace unos días, toma forma con el niño no actor Alessio Valentini, de nueve años y un elenco que contempla a Luis Felipe Tovar, como policía; Gustavo Sánchez Parra, en papel de narco y Alejandro Tomassi, de invidente.

Pepito sin salida, título del proyecto cuyo objetivo es convertirse en saga, aborda la lucha del pequeño de estrato humilde y sin padre, por ayudar a su mamá quien necesita una operación de vida o muerte.

“El de los cuentos”, explica Rodríguez, el realizador, “puede ser cualquier niño mexicano, desde un Pepito vulgar, grosero y pasado de lanza, hasta uno buena onda y tierno.

“Pero el nuestro (del filme) de pronto te manda a la picardía, pero si bien es una comedia, tiene matices dramáticos, es una historia agridulce en el que hay escenas fuertes como un secuestro o que lo obligan a vender drogas en los dulces que vende, con muchas escenas divertidas”, detalla.

Las calles y restaurante de Polanco, así como arterias y un edificio en la Guerrero, han servido de locaciones.

En este último la producción que no supera los 5 millones de pesos (una sexta parte del costo promedio de una cinta nacional) encontró una multilocación que les ha servido para simular la oficina, la Cruz Roja y un hospital.

“Es una producción in house, con muy poco dinero, pero bien gastado, además el niño es alguien con quien no trabajamos más de seis horas al día, llegaba con el guión aprendido, nunca pidió un repaso y eso facilitaba las cosas”, señala Yazmin Riquenes, productora.

El look visual de Pepito fue imaginado por Rodríguez como alguien desaliñado, con ropa vieja y una camisa que le dejó su papá, un hombre que cada año iba a Estados Unidos a cosechar manzanas y un día, no regresó.

“Entonces la prenda le queda enorme, un poco cantinflesco el look”, advierte el director.

“En la película hay que aclarar, no hay violencia implícita, ni gráfica ni sangre, hay algunas dos o tres groserías pero que son cotidianas, no fuertes, pero el niño no es grosero, él no dice ninguna mala palabra”, abunda.

El estreno de Pepito sin salida se tiene contemplado para 2016 y la idea es que en la secuela, a realizar en 2017, el personaje viaje a Miami, ciudad de donde es el impulsor del proyecto.

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