Cuando los hijos se van de casa, algunos padres llegan a sentir un gran vacío, en especial las madres, quienes en muchas ocasiones, al quedarse solas en el hogar (aunque esté su pareja), sienten que han perdido el sentido de su existencia.

El denominado síndrome del nido vacío se refiere a un fuerte sentimiento de pérdida que surge cuando los hijos han terminado de crecer y dejan el hogar para emprender su propio camino; cuando la madre o el padre no saben lidiar con esta etapa, los domina la tristeza y pueden caer fácilmente en depresión.

Para Mario Estrada Espinoza, médico psiquiatra y psicoanalista, esta situación se da con mayor frecuencia en países latinoamericanos, en donde los modelos de familia tienden a ser muy cercanos.

“Nuestros modelos de familia tienen que ver con el vínculo, con el arraigo; esto se vive más en Latinoamérica. No sucede así en otras regiones, como Europa, donde los muchachos dejan la casa relativamente pronto, porque así se acostumbra.

“Aquí hacemos un muégano, tendemos a incluir en la familia a los tíos, abuelos y demás, y sufrimos un proceso de duelo al tener que desvincularnos”, explica el especialista.
La separación.  Josefina Estrada es madre de cuatro hijos, el mayor se fue de la casa cuando formó su propia familia; los otros tres tuvieron que emigrar debido a sus estudios y sólo los puede ver en vacaciones, mientras que su esposo se ausenta de su casa cada año por seis meses, periodo en el que se va a trabajar a Canadá.

“Realmente sufrí una fuerte depresión, lloraba y sólo pensaba en mis hijos, quería tenerlos conmigo de nueva cuenta, era una tristeza infinita. Cuando los medianos se fueron a estudiar a la universidad y decidieron rentar un departamento cerca de su escuela, sentí un gran vacío, pero todavía tenía a mi hijo pequeño conmigo, que entonces iba en tercero de secundaria, pero cuando éste entró al ejército se tuvo que ir de casa. Fueron días muy difíciles”, comenta.

Aunque Josefina encontró dos trabajos, uno por la mañana y otro por la tarde, no bastaban para apartar esa nostalgia por no estar con los suyos, esa depresión por no tener a sus hijos cerca y poderlos atender como lo había hecho desde hacía 20 años, por lo que tuvo que acudir con un especialista para que le ayudara a enfrentar estas pérdidas.

“Todavía me siento triste por no tenerlos cerca, pero he aprendido a afrontar la situación y a comprender que se trata de un proceso natural de la vida”, señala.

El especialista Mario Estrada Espinoza, explica que “Freud decía que la vida son puros duelos, muchas pérdidas en el transcurso de la vida. El desarrollo y la separación de los hijos es una de ellas y los papás a veces la viven como un duelo, como si en realidad los hubieran perdido para siempre. Lo que pasa es que la madre se ha desarrollado a través del valor que los hijos le dan. La mujer se siente fuerte gracias a que es madre”.

Una historia de telenovela.  En algunas ocasiones esta situación es difícil también para los hijos que saben que sus padres sufrirán por la separación.

Temen decirles que ha llegado el momento de partir. Claudia Álvarez, la más pequeña de tres hermanos, cuenta que le fue difícil enfrentarse al momento de decirle a su mamá que le habían pedido matrimonio.

Sus padres estaban separados y nunca antes había pensado en el momento de enfrentar a su mamá para anunciarle su salida de casa; para sus hermanos no había sido difícil porque aún quedaba ella.

“¿Cómo le iba a decir a mi madre que la iba a dejar? Creo que de no ser porque me casé, no hubiera encontrado la forma de irme de la casa. Cuando le enseñé el anillo de compromiso, se enfureció y se puso a llorar desconsoladamente, adoptó la pose de mártir y no me dejó gozar el momento que, supongo, para otras madres es emocionante. No hubo abrazo, ni felicitación, nada, todo fue preocupación”, explica Claudia, quien es egresada de Comunicación Visual en la UAM.

Añade que “tras la boda, cuando regresé de la luna de miel, mi mamá ya estaba instalada en mi casa. Con el paso del tiempo se independizó, iba y venía, pero nunca dejó que la distancia fuera suficiente”, explica.

“Mi madre nunca se dio cuenta de que en su apego a sus hijos, nos llevaba por un camino de culpas, no dimensionaba el daño que hacía y la única manera de que lo supiera, era que yo se lo dijera.”

“Así que le hice saber todo lo feliz que me había hecho con su amor, lo bendecida que me sentía por tenerla, pero también lo difícil que había sido cargar con ella, con sus culpas, sus miedos, sus rencores y su apego. En cosas tan básicas como... ‘Mamá ¿sabes cómo se celebra un aniversario y sabes que ese día estuviste aquí? ¿Sabes cuántas peleas ha ocasionado que sigas en mi casa?’”.

Blanca Alicia Gil Corona, sicopedagoga, tanatóloga y sicóloga, de Consultoría Sicopedagógica Integral, destaca que para evitar que los padres se sientan abandonados, es necesario que los hijos mantengan el vínculo aunque estén alejados, que haya llamadas telefónicas, actividades en familia y que les demuestren que el cariño y el amor están ahí, aunque ellos se hayan ido de casa.
Cabe destacar que este momento puede coincidir con otras situaciones como la menopausia, la andropausia, la jubilación o la muerte de alguno de los cónyuges, lo que puede coadyuvar a que alguno de los padres se suma en la depresión.
Cómo evitarlo. Los profesionales opinan que es posible prevenir este síndrome al encauzar a los padres hacia actividades recreativas, deportivas, sociales o artísticas, donde se sientan a gusto y exploren sus capacidades.

Además, este es un buen momento para que la pareja se reencuentre en la intimidad, se reinvente y se fortalezca para que puedan adaptarse de una forma positiva al cambio, de lo contrario, corren el riesgo de que su relación se rompa debido a que durante mucho tiempo sólo se mantuvo unida a través de los hijos.
Madres liberadas. Contrario a las madres que sufren el síndrome del nido vacío, hay otras que lejos de sufrir la separación de los hijos, lo celebran, o por lo menos, no lo sufren.

Tal es el caso de las mujeres que vivieron la maternidad como un proyecto de vida, no como SU proyecto de vida.

Clara Sánchez, sicóloga y terapeuta familiar, comenta que eso ocurre con las mujeres que tienen metas claras en la vida y que están en una búsqueda constante de retos.

“Son mamás que tienen un proyecto de vida muy claro que no se limita a sus hijos. El problema llega cuando tu hijo se convierte en tu proyecto de vida, porque cuando se va de la casa éste termina, pues tú, como madre, no tenías otra cosa que hacer que dedicarte a él”, señala.

Destaca que cuando las madres se sienten incluso liberadas ante la separación de los hijos, es porque tienen otras metas, retos y actividades.

“Si ser mamá sólo era una de tus facetas, corres para perseguir las otras. Hay muchas mujeres que se realizan cuando ya no tienen la responsabilidad, literal, de criar a sus hijos, y entonces ya los pueden disfrutar como amigos, porque ya los formaron, a veces hasta trabajan con ellos. Hay parejas que ante el hecho de que se quedan solos disfrutan la oportunidad de reconstruir su historia, de reavivar el romance”.

Clara Sánchez destaca que hay algunas mujeres que se sienten culpables de no sufrir el síndrome y, aunque parece absurdo esto, tiene que ver con la manera de que fueron educadas, glorificando el ‘sacrificio’de sus planes y aún de su personalidad en aras, del ‘bienestar ’de la familia.

Siempre será mejor madre un ser feliz y realizado que una mujer frustrada, que se olvidó a sí misma por dedicarse a sus hijos.

  1. Detección del síndrome. Algunos de los factores que influyen para el desarrollo del síndrome del nido vacío:
  2. Un matrimonio inestable o insatisfactorio
  3. Autoestima basada en la identidad como padre o madre y en el éxito de esta función
  4. Tener dificultad para aceptar el cambio en general
  5. Ser padres de tiempo completo (madres o padres que se quedan en casa)
  1. Síntomas: Llanto y tristeza constante
  2. Pérdida del sentido de la vida
  3. Aislamiento familiar, laboral y social
  4. Sentimientos de rechazo y/o de culpa
  5. Preocupación constante por el hijo que se fue
  6. Ansiedad y estrés
  7. Sentimiento de abandono
  8. Desesperanza y abatimiento
  9. Para enfrentar el cambio, es fundamental que los padres retomen actividades o inicien otras, como hobbies, deportes, paseos, reuniones, y de esta manera evitar que el ánimo se venga abajo
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