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EPN, presidente de realizaciones y transformaciones

César Camacho Quiroz

Una sola de las muchas realizaciones del gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto, en otra época, habría sido suficiente para escribir una narrativa de éxito en el ejercicio del Poder Ejecutivo. En otro tiempo habría bastado con nada más una de las 13 grandes reformas transformadoras logradas en lo que va del sexenio, para escribir con mayúsculas el nombre del Presidente en la historia nacional. A cinco años, su gobierno ha sido de realizaciones y transformaciones que, en otras circunstancias y con un año todavía por recorrer, podrían estar alcanzando, sin exagerar, una dimensión histórica.

Hablando de logros concretos, hace muy pocos años se planteaba como ideal difícilmente alcanzable, la autosuficiencia alimentaria y, ahora, el nuestro es el 12º país exportador de alimentos. Ese solo hecho, alcanzado por el esfuerzo de trabajadores y empresarios, y la participación de las autoridades, sería más que suficiente para catalogar como exitoso al gobierno. Por si pareciera poco, brinda un espacio a la esperanza fundada de mantener y acrecentar el nivel de producción, con los respectivos ajustes del mercado y un gran esfuerzo de autoridades y sociedad, se podría avanzar en un tiempo relativamente breve, hasta conseguir otro propósito largamente anhelado: abatir aún más el hambre y la pobreza alimentaria. Y qué decir de la generación de más empleos mejor pagados; rubro en el que la presente administración ha impuesto récord y la cifra sigue al alza.

Son realizaciones concretas, hechos que generan satisfacción, pues empatan, incluso superan la expectativa que se tenía. Y este tipo de buenos resultados se multiplican en casi todas las áreas de la vida pública, como el turismo, en donde las cifras positivas no se detienen; o las telecomunicaciones en las que el número de usuarios sigue aumentando, aprovechando que las tarifas han bajado tanto.

A esas alentadoras cifras bien podríamos agregar la impresionante construcción de 6,500 kilómetros de carreteras que, para darnos una idea, podrían comunicar a la Ciudad de México con Alaska.

Y qué decir de las reformas que si bien ya dan frutos, será en el mediano y largo plazos, que habrán de cambiar el rostro de México. Con un sistema educativo que en unos años se habrá renovado por completo, que dispondrá de energías más limpias a precios más baratos para impulsar una economía más abierta al mundo y más competitiva, soportada por empresarios que tienen certeza en sus inversiones y, sobre todo, por trabajadores que gocen de un sistema de salud universal y un sistema de justicia laboral.

Una sola, entre las reformas laboral, educativa, energética, de telecomunicaciones, financiera o hacendaria, entre otras de las logradas en este sexenio sería más que suficiente para caracterizarlo y calificar a la administración actual como exitosa.

México y el mundo vivimos la llamada “crisis sentimental de la democracia”, en la que la obtención de resultados, aun siendo buenos, parecen insuficientes a una sociedad que ciertamente merece más y, consciente de ello, lo quiere todo y lo exige ahora.

Los políticos de esta generación y de este régimen tenemos el desafío de lograr adherir a la frialdad de los resultados la calidez de los sentimientos, de causar emoción por los éxitos compartidos, sobre la base de los principios básicos de la civilización democrática: libertad, justicia y paz.

Coordinador de los diputados del PRI

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