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Migrantes profesionales

10/05/2019
02:54
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En años pasados, los mexicanos que iban a vivir a los Estados Unidos tenían pocos estudios e iban a trabajar en sectores menos remunerados. La gran mayoría lo hacía por la vía indocumentada, cruzando la frontera de forma irregular.

Pero ahora el perfil de los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos ha cambiado radicalmente. De los mexicanos que llegaron a vivir al norte de la frontera entre 2012 y 2017, casi 1 de cada 6, 17 por ciento, tiene estudios universitarios terminados, lo cual se compara a sólo 6 por ciento entre 1995 y 2000. Hay un creciente nivel educativo entre los inmigrantes mexicanos más recientes, según un estudio que lanzamos entre el Instituto de Políticas Migratorias (MPI) y el Centro Texas-México en la Universidad Metodista del Sur en Dallas (SMU), cuyo autor principal es mi colega Ariel Ruiz.

En Texas, un 18 por ciento de los mexicanos recién llegados tienen estudios universitarios, y se concentran en las ciudades principales de Dallas, Houston, San Antonio, El Paso y McAllen.

Pero si bien hay mayores niveles educativos entre los inmigrantes mexicanos, no todos trabajan en puestos profesionales. Resulta que 27 por ciento de los inmigrantes mexicanos con estudios universitarios en Texas son indocumentados (30 por ciento a nivel nacional) y 43 por ciento no dominan el inglés. Estos limitantes legales y lingüísticos hacen que muchos inmigrantes mexicanos profesionistas reporten trabajar en construcción y restaurantes, en donde probablemente no pueden aplicar sus estudios directamente, si bien hay muchos otros que reportan trabajar en servicios médicos, escuelas, universidades y servicios legales.

El estudio arroja dos conclusiones que merecen ser consideradas. Primero, sigue habiendo muchas barreras para que los inmigrantes mexicanos se integren a la vida laboral y social del país vecino. La revalidación de títulos universitarios, el acceso a estudiar inglés y la necesidad de una reforma que permita legalizar a los indocumentados ayudarían mucho a destrabar estos nudos.

Pero en segundo lugar, es indudable que ha cambiado profundamente el perfil del mexicano que está yendo a vivir a los Estados Unidos. Conforme sube el promedio educativo en México y el porcentaje de mexicanos que logra estudiar hasta la universidad, un mayor número de mexicanos que se van también tiene más estudios. También influye el hecho que la gran mayoría de mexicanos que va a vivir a los Estados Unidos lo hace por la vía legal.

De hecho, en el momento en que se ha triplicado el número de migrantes centroamericanos aprehendidos por autoridades estadounidenses en la frontera con México, el número de mexicanos cruzando de forma indocumentada se ha mantenido en la misma tasa del año pasado. Ahora son los guatemaltecos y hondureños que juntos representan 65 por ciento de los detenidos en la frontera, y los mexicanos solo constituyen un 20 por ciento de esa población (en cifras que van desde octubre hasta abril, que son los primeros siete meses del año fiscal actual del gobierno de los Estados Unidos).

Dado que la economía de Estados Unidos ya va viento en popa, con grandes necesidades de mano de obra, y que hay un incremento dramático en los flujos de indocumentados que van hacia Estados Unidos, parece que sí ya se acabó el periodo de los flujos grandes de mexicanos hacia EU (algo que parecía ser cierto desde 2008, pero que ahora queda más evidente porque existen condiciones óptimas para la migración indocumentada).

En vez de eso hay muchos mexicanos, alrededor de 200 mil que van cada año en programas de trabajo temporal, y otros cientos de miles que consiguen la residencia permanente a través de familiares radicados en EU, más algunos que van a estudiar en la universidad ahí.

Pero este flujo nuevo no es solamente más por la vía legal, sino tiene más un componente de mexicanos con educación universitaria. Es un cambio que sorprende y nos obliga a rectificar nuestros esquemas mentales sobre la migración mexicana.


Presidente del Instituto de Políticas Migratorias

Andrew Selee fue el Director fundador del Instituto México del Centro Wilson en Washington, DC y se desempeña actualmente como presidente del Instituto de Políticas Migratorias.