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El libro de imágenes, o el lenguaje de lo visible

El libro de imágenes, o el lenguaje de lo visible
17/07/2019
12:32
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Casi al principio de Pierrot, el loco (Pierrot le fou, 1965), de Jean-Luc Godard, desde afuera del cuadro Jean-Paul Belmondo recita el nombre de una mujer: Marianne Renoir. Godard nos muestra dos imágenes que coinciden con el nombre y el apellido en la boca de Belmondo: la primera es de Anna Karina resistiendo, en el papel de Marianne, la desmañada caricia del viento. Marianne. La segunda nos muestra un detalle de una pintura de Auguste Renoir titulada Petite fille à la gerbe. Renoir. En apariencia es una operación sencilla, pero más que decorar la trama en un breve instante poético Godard nos exhibe su propia consciencia. La pintura proviene de la conexión que el director hace en su mente entre los dos Rennoir: Marianne y Auguste. La asociación y la yuxtaposición forman la base del montaje intelectual, que es a su vez el mecanismo primario de la obra de Godard. Combinadas entre sí, las imágenes simulan el habla y reinventan su propósito. Lev Kuleshov demostró que la imagen de un hombre inexpresivo dice algo distinto al contrastarla con fotogramas de una sopa o una mujer. El rostro del hombre es siempre igual, y sin embargo en un caso entendemos hambre; en el otro, lujuria. 

El libro de imágenes (Le livre d’image, 2018), la más reciente aventura de Godard, hace algo más complicado al crear vínculos a veces elocuentes, a veces turbadores, pero siempre sugerentes del vasto sentido de la imagen. Su forma de ensayo en cinco partes elude la ficción y nos presenta un Godard que se expresa editando. En la primera parte de la película, titulada REMAKES, Godard nos muestra la última escena de El beso mortal (Kiss me Deadly, 1955), una alegoría de la guerra nuclear, y la yuxtapone con imágenes atómicas. Más adelante un video de entrenamiento del Estado Islámico es contrastado con Salò o los 120 días de Sodoma (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1975). En unas imágenes y otras vemos gente arrastrándose, obedeciendo. La historia, dijo Mark Twain, no se repite pero a menudo rima. Sin embargo son más bien la realidad y la imagen misma las que, según Godard, repiten sus consonantes. Quizá lo que debamos entender sea que la ficción concibe al mundo y no al revés, pero El libro de imágenes no nos da respuestas: sólo estimula dudas. En mayor medida, pareciera que Godard busca el escepticismo hacia el lenguaje hablado. 

Como en los filmes de Danièlle Huilet y Jean-Marie Straub —de ellos aparece Sicilia! (1999) en El libro de imágenes—, los subtítulos a menudo desaparecen y nos dejan sordos y ciegos. En la ignorancia las lenguas extranjeras se hacen ruido, y sin poder ver los subtítulos nos hundimos en la incomprensión. Si Derrida pensó que en nuestras culturas el lenguaje escrito se subordinaba al hablado, Godard sugiere aparentemente la supremacía de la imagen para entender un mundo cuya historia al fin se puede mirar. De hecho, en la omnipresencia de las pantallas no sólo es el pasado lo que podemos recuperar sino el presente mismo. Hoy, en computadoras y teléfonos, el internet construye una versión inagotable de lo que sucede.

Ficciones y metraje real de nuestro tiempo y de otros se suceden en El libro de imágenes como si estuviéramos viendo simultáneamente todos los videos de YouTube. Godard alcanza el cubismo al querer abarcarlo todo y darnos no una imagen clara de la realidad sino un caótico atisbo de nuestro desastre. ¿Qué nos quiere decir el último capítulo, el más largo de la película, con sus imágenes de Oriente Medio? ¿Es un rescate de los vencidos o una crítica a la colonización? Es difícil saberlo. Quizá sea ambas. Su extensión dificulta interpretarla y mancilla el ritmo de la película, pero hablar de estándares resulta, frente a Godard, un despropósito. Más que reflexionar sobre la modernidad, Godard busca contenerla, y en ese sentido El libro de imágenes resulta una obra ambiciosa e inabarcable que en sus retos y ambigüedades constituye un retrato preciso de lo que somos. 

Twitter:@diazdelavega1
 
Alonso Díaz de la Vega
Alonso Díaz de la Vega es crítico de cine para el programa de radio Por la mañana con Ciro Gómez Leyva, y para el programa de televisión Mi Cine, Tu Cine, de Canal Once. También es miembro del comité...