Se encuentra usted aquí

La Babel del Suchiate

14/05/2019
03:12
-A +A

El incremento de los flujos migratorios en nuestro país ha abierto un intenso debate plagado de prejuicios y falta de información. La modalidad que representan las caravanas migrantes, originarias, particularmente de Centroamérica, ha desatado una especie de fiebre xenófoba y racista en algunos grupos de nuestra sociedad que han encontrado un eco fácil, queriendo cerrar los ojos ante un fenómeno que llegó para quedarse.

Las caravanas migrantes expresan apenas un pequeño porcentaje de los flujos migratorios que se registran en el país, dominados por el éxodo de poblaciones que buscan escapar de la violencia y de la pobreza en su país, asociado a la porosidad de la frontera sur que permite, prácticamente una libertad de tránsito, la corrupción de autoridades y a la actividad de grupos asociados al tráfico, la trata de personas y otros delitos.

A ello se suma un hecho similar al que registran otras regiones económicas del mundo: México ha dejado de ser un país de tránsito y de expulsión de migrantes a Estados Unidos, para convertirse en un país de destino. Por lo que debe prepararse para asumir la integración de las personas migrantes a nuestra sociedad, en un momento en que esta población en México representa solo el uno por ciento del total.

Ello exige, una nueva visión distinta de la política migratoria y del desarrollo de la región que contemple al menos cinco componentes:

El establecimiento de un Plan de Desarrollo Integral, que fomente la formación de una nueva región económica de beneficios compartidos entre el sur de México y los países de Centroamérica, y la conformación de un nuevo mercado laboral en la región, que permita el acceso a mejores condiciones de vida en zonas expulsoras, y una gestión migratoria que garantice la protección de las personas.

El respeto a los derechos humanos de las personas migrantes: conciliando el control migratorio con un trato digno y respetuoso a las personas, en especial a las niñas y niños; mejorando sustancialmente las condiciones materiales y de servicios en albergues migratorios, garantizando el retorno asistido, en los casos necesarios, atendiendo adecuadamente las solicitudes de refugio, y asegurando el cumplimiento de las leyes migratorias y las recomendaciones emitidas por la CNDH y organismos internacionales, a fin de transitar hacia un modelo de migración ordenada, segura y regular.

La integración regional del flujo emergente: ofreciendo alternativas ocupacionales a migrantes regularizados. Promoviendo un Programa de Ocupación Emergente en los centros donde se cuente con un albergue temporal, permitiendo a los migrantes regulares acceder a los programas públicos de bienestar, vinculando a los migrantes con empleadores del sector privado, así como con los proyectos estratégicos del gobierno, como el Tren Maya, la Refinería en Dos Bocas y el Corredor Transístmico.

Impulsar una iniciativa diplomática: actualizando el Acuerdo de Entendimiento Migratorio y su cumplimiento sobre los ciudadanos de Guatemala, Honduras y el Salvador, motivando la responsabilidad de los países centroamericanos para controlar la migración irregular de sus connacionales, especialmente, para evitar la movilidad de niñas y niños, alertando, a través de las embajadas, consulados y medios de comunicación en los países centroamericanos sobre los riesgos de la migración irregular, así como las alternativas para hacerlo de manera ordenada y segura.

Un tema que requiere una atención particular es el relativo a los flujos de migrantes extracontinentales. Fenómeno que, si bien no es novedoso, su número creciente encara nuevos retos para las relaciones con el exterior, así como en las políticas públicas.

Basta ver la composición de los migrantes transcontinentales en el albergue la Mesoamericana: Afganistán, Bangladesh, Etiopía, Guinea, Congo, Angola, Mauritania, Eritrea, India, Sri Lanka, Pakistán, Camerún, Sierra leona, Yemen, Burkina Faso, Nepal, que constituyen una verdadera Babel del Suchiate y que, guste o no, como todo fenómeno y proceso social, su integración transformará, hoy nuestra vida cotidiana, mañana la cultura nacional.

Subsecretario de Derechos Humanos,
Población y Migración

Comentarios

 
 

MÁS EN OPINIÓN