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Con la confirmación de varios tenistas de élite para el Masters de Cincinnati —que esta vez se disputará en Nueva York—, creció el pronóstico de un US Open sin grandes ausencias, hasta hoy.
El buen augurio en torno al que cada año suele ser el último Grand Slam fue derrumbado por el anuncio de que Ashleigh Barty, la mejor tenista del planeta, no pondrá pie en Flushing Meadows esta edición.
"Con mi equipo, hemos decidido que no iremos a Estados Unidos por los riesgos significativos asociados con el Covid-19. Me encanta este torneo, pero no me siento cómoda al ponerlos a ellos y a mí misma en esta situación", justificó en un comunicado.
A diferencia de otras jugadoras, la australiana no había manifestado optimismo desbordado de cara al regreso del tenis y las sospechas que su cautela generó fueron confirmadas con su rotunda negativa a disputar el torneo de la Gran Manzana.
En los últimos días, las dudas sobre la asistencia de la número dos de la WTA, Simona Halep, han crecido considerablemente, luego de que diera a conocer que jugará el Abierto de Praga entre el 10 y el 16 de agosto, algunos días antes de que arranque el US Open (31 de agosto al 13 de septiembre).
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