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No por nada la conocen como “La Tierra del Hielo y el Fuego”, con sus volcanes y glaciares que se miran desafiantes, y con días de verano con luz solar las 24 horas y noches de invierno iluminadas por auroras boreales. Ese es Islandia, un país que tiene sus comienzos en el año 800 gracias a los vikingos que venían de lo que hoy es Noruega y se quedaron en sus tierras. Con una población que equivale a la mitad de la gente que vive en Cancún (unos 350 mil habitantes), esta isla que no tiene Ejército y que sus policías no llevan armas, ha logrado una revolución única en la historia del futbol: buscaron cómo podían mejorar para poder clasificarse a competencias continentales y a Mundiales, sin tener que depender de que llegue una generación superlativa de jugadores.

En el camino se clasificaron al Mundial de Rusia después de una sorprendente actuación en la Euro 2016, en la que el equipo llegó a cuartos de final, tras eliminar a Inglaterra, antes de perder ante Francia por 5-2.

¿Pero, cómo lo lograron?

Empezaron por desarrollar nuevos métodos de entrenamientos para jóvenes, se preocuparon por convencer a los jugadores retirados para que se incorporaran como técnicos, construyeron decenas de canchas techadas para que pudieran prepararse todo el año. En estas canchas cubiertas, los más chicos se entrenan en un ambiente de futbol sala (similar a lo que pasa en España y Brasil) en donde prevalece el posicionamiento, el movimiento sin la pelota y una técnica de defensa y ataque un poco más individualista. Desde niños aprenden a jugar en espacios reducidos, con más toques del balón, y a tomar decisiones casi sin pensar. Todo con el apoyo de cada municipalidad, que cobra unos 350 dólares anuales a cada niño/a.

“Estos son los primeros jugadores islandeses en llegar a la final del Campeonato de Europa Sub-21. Han estado juntos por mucho tiempo. Es la primera generación que llega desde que Islandia decidió construir canchas de futbol sala, los más jóvenes han estado listos para jugar en el extranjero a una edad más temprana, y ahora reúnen esa experiencia”, dijo hace poco la leyenda Eidur Gudjohnsen a la prensa local.

Islandia tiene un coach con licencia de UEFA por cada 740 habitantes. Y el estado se encarga de pagar una módica suma para que éstos puedan dedicarse a entrenar niños. Otra demostración que cuando quiere se puede.

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