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Cada febrero y marzo, la Ciudad de México cambia de piel. Las avenidas, los parques y hasta las colonias más transitadas se tiñen de un morado vibrante que anuncia una de las postales más esperadas del año: la floración de las jacarandas.

Originarias de Brasil, estas especies sudamericanas encontraron en la capital mexicana el clima ideal para florecer y convertirse en símbolo urbano. Lo que comenzó como un proyecto ornamental terminó por transformar la identidad visual de la ciudad.
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El árbol que anuncia la primavera
El florecimiento de las jacarandas marca la antesala de la primavera en la capital. Sus copas cubiertas de flores lilas contrastan con el concreto y convierten calles y camellones en corredores de color.

Más allá de su impacto estético, también cumplen una función ambiental relevante. De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México, estos árboles destacan por su resistencia a plagas y contaminación, además de su capacidad para absorber dióxido de carbono en niveles equivalentes a lo que emiten alrededor de mil 400 automóviles al día.

¿Cómo llegó las jacarandás a las calles de la CDMX?
Antes de que el morado invadiera avenidas y camellones, hubo un hombre detrás del cambio de paisaje en la capital. El responsable fue Tatsugoro Matsumoto, uno de los primeros inmigrantes japoneses en llegar al país y pieza clave en la historia urbana de la Ciudad de México.
Especialista en botánica y arquitectura de jardines en Japón, Matsumoto se estableció en la colonia Roma, donde abrió un invernadero. Desde ahí comenzó a cultivar jacarandas y otras especies ornamentales, justo en un momento en que la zona crecía y se consolidaba como uno de los barrios más elegantes durante el mandato de Porfirio Díaz.
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De la Roma al Castillo de Chapultepec
Su reputación como experto en jardines nipones creció rápidamente. Se convirtió en el encargado de diseñar y mantener áreas verdes de residencias de la alta sociedad, lo que le permitió escalar socialmente. Con el tiempo, su trabajo llegó a oídos del propio Porfirio Díaz.
Entre los espacios que intervino estuvo el emblemático Castillo de Chapultepec, donde realizó arreglos florales y diseños de jardín que reforzaron su prestigio.

Ya con su familia establecida en México, Matsumoto impulsó una idea que cambiaría para siempre la imagen de la capital. Recomendó al entonces presidente Álvaro Obregón plantar jacarandas en las principales avenidas.
La propuesta fue aceptada. Para entonces, Tatsugoro y su hijo Sanshiro Matsumoto ya contaban con un plan de cultivo en sus viveros. La elección no fue casual: el clima seco de la primavera mexicana —sin lluvias constantes— resultaba ideal para esta especie.
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