


En el fondo de este conflicto está la añeja ambición política por controlar desde el gobierno el deporte olímpico, hasta ahora en manos de asociaciones civiles





No hay mayor pecado en tiempos peligrosos que la pasividad, y nuestro México sigue viviendo hoy esos tiempos; en nosotros está, con nuestro ejercicio diario y responsable, convertir esos peligros en tiempos virtuosos






