Adolfo de la Huerta fue presidente interino en 1920, tras la muerte de Carranza. Además de sus capacidades como contador y político, tenía una afición poco común entre los mandatarios de México. Desde niño ya se le reconocía su talento artístico, años más tarde, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles también lo escucharían. Texto: Montserrat Callejas.

El símbolo de esta institución es uno de los elementos que le da identidad. Fue en 1944, un año después de que entró en operaciones, que se diseñó para representar la esencia de los servicios de salud que ofrecía a los trabajadores mexicanos