A los mexicanos nos deben una profunda reforma al Poder Judicial que no tiene que ver con la deseada por López Obrador de tener jueces por elección popular, que lejos de resolver la corrupción al interior, la agravaría.

Tras las elecciones, las calles amanecerán repletas de la basura de su propaganda y las falsas sonrisas arrugadas de los merolicos de la política.