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Apenas hace una semana escribía en este espacio sobre lo violentos que se han vuelto los operativos en contra de los migrantes. El director de la Casa del Migrante de Saltillo, Alberto Xicoténcatl, me describió la hostilidad con la que los agentes policiacos verifican el estatus migratorio de quienes buscan llegar a Estados Unidos. Esa violencia ya escaló.
Marcos viajaba con su hija. Planeaba reunirse en la Unión Americana con la madre de la pequeña. Eso ya no va a ocurrir. Luego de pasar unos días en la Casa del Migrante de Saltillo, donde hay revisiones constantes para evitar la presencia de armas, se reunió el jueves pasado con otros centroamericanos para esperar el tren que los llevaría hasta la frontera. Ahí ocurrió el ataque. Las balas alcanzaron a Marco y murió. Todo frente a su hijita de solo ocho años.
Los disparos los hicieron agentes de la Fiscalía Estatal, la cual argumentó inicialmente que los policías habían sido agredidos. Los testimonios de vecinos contradecían esa versión. Aseguraban que los migrantes iban desarmados. Esto se confirmó luego de la primeras investigaciones. La misma fiscalía reconoció que Marco era inocente, que hubo un uso excesivo de la fuerza en su contra y arrestó al policía que le disparó. Informó también que los elementos de su Agencia de Investigación Criminal “participaban en un operativo relacionado con la localización de personas dedicadas a la venta de narcóticos.”
La Directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara Rosas, consideró que este ataque es una señal alarmante del entorno cada vez más hostil que hay en México contra los migrantes. Exigió a la Fiscalía de Coahuila una investigación eficaz y pidió a las autoridades en general que traten con humanidad a quienes solo buscan mejores condiciones de vida.
El Instituto Nacional de Migración y la Policía Federal se deslindaron ese mismo día del operativo. De lo que no puede deslindarse la autoridad federal es del cambio en la política migratoria. Nos ordenaron disminuir la cantidad de personas que buscan llegar a EU desde Centroamérica. El plan oficial es hacerlo detonando el desarrollo de esa región, pero mientras eso ocurre, hay quienes lo están logrando a toletazos.
HUERFANITO: “Si no quieren que los maten, que se queden en sus países”. Con comentarios así de hostiles me topo cuando destaco los maltratos hacia los centroamericanos. Preocupa y hasta entristece que exista una parte importante de la opinión pública que respalda la violencia letal contra los vecinos. Olvidan que México ha expulsado a migrantes durante décadas. ¿Con qué argumentos podremos defender a nuestros paisanos en Estados Unidos si hacemos lo que hacemos con quienes llegan acá desde el sur?
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