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La mexicana que cuida a las abejas

A de Abeja es un colectivo fundado por Arlette Gómez que produce miel y con su venta apoya la conservación de estos insectos y a los apicultores
09/03/2019
06:07
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Fernando de Lorena

Parece ser otra tarde en la que una abuela y su nieta se sientan a envasar la miel que después se venderá en el pueblo. “Ay, abuelita, este negocito sí me gusta”, dice la pequeña. “Creo que terminó gustándome tanto que lo convertí en A de Abeja”, afirma ahora quien fue la niña Arlette Gómez, fundadora del colectivo que busca reconectar el consumo de miel natural con su origen.

Arlette tenía un empleo como diseñadora gráfica en una oficina, pero para alguien con tanto aprecio por la naturaleza y acostumbrada a tener miel natural en su mesa es difícil quedarse mirando mientras las población de estos insectos se reduce cada año, debido a efectos del cambio climático y al pesticida.

En el mundo hay más de 20 mil tipos de abeja, y en México hay más de 2 mil, éstas son afectadas por los químicos que se utilizan en los campos de cultivo.

Por está razón, Arlette creó un plan.

De aquí nace el objetivo principal del colectivo: velar por las abejas ante el peligro que supone el uso de químicos en la agricultura, razón por la que más de 40% de apicultores atribuyen el colapso de las colonias, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Autónoma de Zacatecas y la Universidad de Guanajuato.

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Para lograr este cometido, el colectivo hace alianza con las personas más cercanas a estos insectos: los apicultores, a los que Arlette llama “los abogados de los polinizadores”. Ellos buscan proteger sus colmenas de los pesticidas usados en la agricultura y así logran preservar muchas especies, entre ellas, las abejas, incluso las que no producen miel.

Para formar esa alianza, A de Abeja hace un esfuerzo por dar un precio más alto por las cosechas de miel en comparación al que ofrecen otros distribuidores.

El beneficio del incremento de precio que la organización ofrece a los apicultores con los que trabaja no sólo se refleja en la conservación de las abejas o en la miel, sino en otros productos de consumo humano que llegan a la mesa, desde cultivos vecinos de las colmenas, ya que éstas son las encargadas de transferir el polen que permiten la producción de 75% de las verduras y frutos de consumo humano, según el informe Alimentos bajo amenaza. Testimonios sobre la importancia de las abejas, realizado por la organización internacional Greenpeace.

Actualmente el colectivo colabora con 20 apicultores distribuidos en 12 estados de la República, que proveen mieles cosechadas a través de las flores que se dan en esa región. Desde la miel de Gatuño, que se cosecha en primavera en Chihuahua, hasta la miel de Jabín, que se obtiene en Yucatán.

A de Abeja distribuye 20 tipos distintos, que varían de sabor, color y olor, dependiendo del tipo de flores que visiten las abejas. “La miel es un poco como los vinos, está muy ligada a la tierra de donde provienen”, explica.

La apariencia y sabor de la miel dependen de las flores de las que las abejas obtengan el polen, algunos tipos de miel sólo se pueden cosechar en la temporada del año en que dicha flor se dé. La organización ofrece seis mieles que se extraen en primavera, seis de verano, cuatro de otoño, tres de invierno y la miel de chinampa, una miel de notas florales que se cosecha las cuatro estaciones del año en Xochimilco.

El endulzante natural puede ser comprado a través de la tienda en línea o con distintos distribuidores en la Ciudad de México y en el interior de la República, como con Irracional Café, dentro del Museo de Arte Moderno.

Mucho más que miel de abeja

Además de la venta de miel y la lucha por la conservación de abejas, el colectivo también tiene objetivos sociales.

“En A de Abeja nos encanta hacer colaboraciones, y hemos tenido la suerte de encontrarnos con proyectos increíbles en el camino”, dice Arlette.

Uno de los proyectos de los que platica con más emoción es la colaboración con Vinculando Esfuerzos y Reinserta, en el que se instaló un apiario en un centro de reintegración de jóvenes en conflicto con la ley. En esta instalación fue necesario reproducir la labor y precauciones que deben tomar los apicultores para cuidar a las abejas y recolectar el endulzante que producen.

Con esto lograron transmitir las complicaciones de la labor del apicultor y brindar una ocupación productiva a los jóvenes. La miel cosechada como resultado de este esfuerzo fue comprada y distribuida por el colectivo.

También realizaron una colaboración con Nido Social para recaudar fondos e impulsar la concientización sobre estos insectos en la reserva de Calakmul, Chiapas, sitio declarado como bien cultural y natural por la UNESCO.
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Además, han participado con Circulo Mezcal para obtener recursos, a fin de reconstruir viviendas después del terremoto del 19 de septiembre de 2017, y colaboran con cocinas locales para la preparación de platillos y catas de ese endulzante. La calendarización de este tipo de eventos y colaboraciones se puede consultar en su página de Facebook.

Otro de los objetivos del colectivo es concientizar a los consumidores sobre el producto de los polinizadores en México, que se encuentra entre los 10 mayores exportadores de miel a nivel mundial. Aparte busca aumentar su consumo informado, ya que en Europa se estima que el consumo de miel por habitante asciende a más de un kilo al año, mientras que en México es sólo de 200 gramos, según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP).

Conocer el origen del producto que se sirve en la mesa otorga un pequeño asomo a la complejidad que hay detrás de este endulzante natural. Es por eso que en las tapas de cada envase de miel de A de Abeja se puede leer el tipo de miel que contiene, su año y mes de cosecha, el estado de la República en el que trabaja el apicultor y una pequeña leyenda que indica que la miel es 100% natural y que se trata de un producto no perecedero.

La fundadora sigue en la incansable búsqueda de conocer más acerca de las abejas y maneras para cuidarlas. Recientemente realizó un viaje a Londres para informarse sobre apicultura urbana, una práctica que integra la convivencia con los insectos en la ciudad y la producción de miel en estas zonas. “Arlette es como un libro de abejas, sabe mucho”, comenta Mayra Martínez, colaboradora del proyecto.

Para ayudar a esta especie, Arlette aconseja colocar macetas con flores que den néctar, como las lavandas, y dejar un platito con agua para que las abejas puedan beber de él.

El colectivo nació inspirado en la abuela de Arlette e inconscientemente ha crecido rodeado de mujeres que le aportan distintas cosas, desde el diseño, la biología, la apicultura y la botánica. “Todas somos como abejas trabajadoras que buscan un bien común, que es construir el proyecto”.
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Aunque la apicultura se percibe como un oficio de hombres, porque son quienes más participan, Arlette comenta que es importante dar a conocer el trabajo de las mujeres en esta labor. “Siempre que tenemos ejemplos, podemos inspirar a más personas”. También apunta que el futuro de las mujeres en la apicultura es prometedor, ya que “entre nosotras nos vemos como aliadas y no como competencia”.

Además de buscar extender el apoyo a este insecto y la distribución del endulzante natural, Arlette y sus colaboradores hacen una invitación a voltear a ver a todos los seres vivos que necesitan ayuda y a crear alternativas y proyectos para apoyarlos. “La miel es sólo el pretexto, pero es parte de un engranaje mucho más grande que es cuidar al planeta”.