Justo ayer, cuando la Presidenta presentaba sus más recientes estadísticas sobre seguridad en el país, y aseguraba que en lo que va de su gobierno se han reducido los homicidios violentos en 52%, al pasar de 87 asesinatos dolosos diarios a 45.4, un par de horas después de ese discurso presidencial, sicarios armados ingresaban al Palacio Municipal de Temoac, en Morelos –a escasos 80 km. de Cuernavaca— y asesinaban a sangre fría y de varios disparos al presidente municipal de ese lugar, Valentín Lavín Moreno, en su propia oficina; y casi al mismo tiempo, en la ciudad de Oaxaca, a plena luz del día y mientras desayunaba, otro sicario armado asesinaba al periodista oaxaqueño Alejandro Leyva, quien cayó de tres tiros en cabeza y cuello frente al resto de los comensales que presenciaron la ejecución.
“Cuando llegamos al gobierno, nosotros entramos el 1 de octubre de 2024. En septiembre de 2024 había 87 homicidios dolosos, casi tres cada día en promedio. Y ahora, a junio de 2026, lo que llevamos del 2026, tenemos un promedio de 45.4 homicidios, promedio quiere decir que hay días que pasamos de 50 homicidios y hay días en que tenemos menos homicidios; en efecto, ayer fue el día de menos homicidios desde hace muchísimos años, 21 homicidios”, se ufanó la Presidenta en su conferencia matutina ayer desde Puebla.
Aun aceptando que las cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública sean reales, con todo y reportajes y análisis que han documentado que la reclasificación de ciertos delitos por parte de las fiscalías estatales han contribuido a hacer bajar el promedio de homicidios dolosos, hay algo que no checa y no coincide entre el discurso oficial, que habla de una baja de más del 50% en el principal indicador para medir la violencia en el país, como son los homicidios dolosos, y la realidad que viven diariamente distintas regiones del país.
Porque a los terribles asesinatos del alcalde pevemista de Temoac, contra quien ya habían atentado hace unos meses, y el brutal asesinato del periodista Leyva en Oaxaca, se suman los 10 empresarios y políticos que apenas el domingo fueron asesinados y colgados en puentes de la ciudad de Zacatecas, por sicarios del Cártel de Sinaloa que no sólo reivindicaron la masacre, sino que además amenazaron al gobernador morenista David Monreal de continuar asesinando a otros personajes zacatecanos, con mensajes en video en los que exigían “cumplimiento de acuerdos” hechos con su organización criminal.
Y a esos casos recientes podrían sumarse muchos otros homicidios dolosos reportados en los últimos días, semanas y meses a lo largo y ancho de la República y que tienen un común denominador: la impunidad y el descaro con el que actúa el crimen organizado, ya sean los cárteles de la droga, grupos huachicoleros o cualquier otra forma de organización criminal de las muchas que operan por todo el país a sus anchas y sin que la estrategia de seguridad que el gobierno presenta como exitosa, les impida o inhiba en lo más mínimo a seguir matando, extorsionando, desapareciendo a mexicanos, incluso menores de edad como está ocurriendo en Guadalajara y en todo Jalisco, o librando incluso guerras entre ellos como ocurre desde hace dos años en Sinaloa.
Y no es que sea algo exclusivo de este gobierno, el divorcio abismal entre la realidad que viven los mexicanos y el discurso oficial con sus cifras y datos halagüeños. Lo mismo hacían en su momento los gobiernos del PRI y los del PAN, como lo siguen haciendo los gobiernos de Morena que decían ser diferentes pero que, en la práctica y en su forma de gobernar, vuelven a utilizar las estadísticas hechas por ellos mismos —que además hoy ya no pueden ser revisadas vía transparencia por instituciones autónomas— para tratar de sostener un discurso falaz y feliz de que todo mejora y marcha como nunca antes había ocurrido. “El día de menos homicidios desde hace muchísimos años”.
La realidad es que, por más que las cifras oficiales digan lo contrario, la violencia criminal y narca en México está muy lejos de estar disminuyendo o retrocediendo. Los cárteles y sus grupos de sicarios siguen actuando, en los hechos y en la práctica, con tanta impunidad que no hay quien les impida entrar hasta el despacho de un alcalde para asesinarlo en la misma silla donde despachaba los asuntos de su municipio; o entrar por la fuerza a una casa de una periodista, como Roxana Guzmán, para llevársela secuestrada, sin que haya autoridad que lo impida ni que actúe con prontitud y eficacia para evitar su muerte bajo tortura.
Como no hay tampoco quien busque, encuentre o identifique, desde el gobierno, a más de 130 mil desaparecidos más las decenas y cientos que se siguen sumando cada día o quien ponga fin a la extorsión multimillonaria (calculada hasta en 1,500 millones de pesos mensuales) a los limoneros de Michoacán, o la todavía mayor extorsión a los aguacateros de ese mismo estado; o el robo de combustibles, o el secuestro y desaparición con fines de trata de mujeres y niños, por no hablar de tantos otros delitos que se cometen diaria y repetidamente en el país.
Sí, las estadísticas son un mecanismo serio y confiable para medir los niveles de violencia o la incidencia delictiva, pero la realidad actual de México es mucho más compleja que unas cifras, sus promedios y porcentajes. Esa realidad, que es la que viven los mexicanos de a pie, no se alcanza, ni se quiere ver desde la altura de los cargos políticos y gubernamentales, donde no se reconoce que la ingobernabilidad y la impunidad del narco y del crimen siguen siendo el mayor problema que enfrenta este país, junto con la colusión, corrupción u omisión de autoridades de todos los niveles, que prefieren dar discursos y presentar estadísticas positivas, porque de no hacerlo, tendrían que reconocer su fracaso e incapacidad.
NOTAS INDISCRETAS…
La caballada morenista, que se brinca las trancas de la ley y los tiempos oficiales con sus procesos internos, anda más que inquieta ante el levantamiento de las primeras encuestas que la dirigencia morenista denomina como “filtros” en los que se eliminarán a muchos aspirantes a las gubernaturas, sobre todo en estados donde se registraron demasiados suspirantes, que es el caso de la mayoría. Hay entidades donde el registro llegó hasta 16, 12 o 10 aspirantes para un total de 277 en los 17 estados en los que elegirán candidatos bajo el eufemismo de “defensores de la 4T”. En todas aquellas entidades donde haya más de 6 aspirantes registrados, se está aplicando una encuesta que eliminará a los menos conocidos y con más negativos, lo que ha desatado ya reclamos y golpeteos en los procesos, al grado que tuvo que salir la dirigente de Morena, Citlali Hernández, a pedir que se calmarán los ánimos y se respetaran las reglas de sus adelantados procesos. Veremos qué tanto le hacen caso a la famosa Citla y si los eliminados no terminan haciendo berrinche…Un buen ejemplo de la agitación interna en Morena es lo que pasa en Baja California. En momentos en que las acusaciones de ilegalidad entre la clase política de ese estado están al orden del día, y la gobernadora Marina del Pilar está en tela de juicio por sus mentiras y traiciones, a alguno de los 10 suspirantes morenistas en Baja se le ocurrió mandar presentar una denuncia “anónima” ante la FGR en contra del alcalde con licencia de Tijuana, Ismael Burgueño, y otros miembros cercanos de su círculo político, acusándolos de desvíos e ilegalidades. No se sabe quién fue, pero al que haya sido de la decena de registrados al parecer le salió el tiro por la culata. Porque, según nos dicen integrantes del equipo de campaña del alcalde tijuanense, “la Fiscalía realizó una investigación meticulosa del aspirante y no encontró absolutamente nada, al grado que la denuncia fue desechada". La pregunta que se hacen ahora los cercanos a Burgueño ya no es quién fue el Judas que los denunció, sino ¿cuántos de los otros 9 aspirantes registrados en Baja California por la gubernatura estarían dispuestos o resistirían una investigación tan profunda? ¿acaso Julieta? ¿Alfredo? ¿Jesús? Por lo pronto, los ismaelistas sostienen, con base en una encuesta publicada ayer por EL UNIVERSAL que su gallo ya se despegó de su competidora más cercana, la favorita de Marina, Julieta Ramírez…Sobre el brutal asesinato del periodista Alejandro Leyva, quien fuera director de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión en el gobierno del expriista y ahora morenista, Alejandro Murat, fuentes de la fiscalía de Oaxaca aseguran que el ataque armado en el municipio de San Pablo Etla, apunta a que fue ejecutado por “bandas del narcotráfico que han sido sometidas los meses recientes por el gobierno federal en esa entidad”. El crimen ocurrió en un puesto de comida en el interior del fraccionamiento La Esmeralda, donde un sicario armado le disparó al periodista crítico del gobierno de Salomón Jara, por lo que se piensa que el objetivo del asesinato fue el de desestabilizar el gobierno justo en los días en que se realiza la Guelaguetza, la fiesta más importante del estado. Las investigaciones las realiza la Fiscalía estatal en coordinación con la Fiscalía General de la República, a través de la Fiscalía Especializada en delitos contra la libertad de expresión. Ayer el fiscal estatal, Bernardo Rodríguez Alamilla, se presentó personalmente en el lugar donde ejecutaron a Francisco Alejandro Leyva, conocido en redes y por su columna como “El Moscardón” y, aunque declaró que aún no hay líneas de investigación sobre el asesinato del comunicador, dijo que se investigará a partir de su labor como periodista. Anoche el gobernador Salomón Jara condenó el asesinato de Alejandro Leyva. Dijo que a pesar de ser un periodista crítico con su gobierno, eso no justifica la brutal violencia en su contra. Indicó que además de la Fiscalía Estatal, se sumará a las investigaciones la Fiscalía General de la República y pidió evitar las especulaciones y conjeturas anticipadas en este violento asesinato. De acuerdo con los datos reportados por organismos como Reporteros Sin Fronteras, Articulo 19 y el Comité para la Protección de los Periodistas, en lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum han asesinado en México a 19 periodistas…Los dados mandan Serpiente Doble. Caída libre.

