La Secretaría de Hacienda y Crédito Público entregó el paquete económico al Congreso de la Unión.
Los documentos elaborados por los economistas de Hacienda enfrentan una serie de desafíos que la dura realidad objeta en su cumplimiento: los indicadores a alcanzar siguen siendo extremadamente optimistas; el diseño del presupuesto está amarrado a una serie de compromisos presupuestales que desvían la meta de crecimiento y persisten en que no se implemente una reforma fiscal.
La SHCP presenta al Congreso una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto del 1.5% al 2.5%.
La mayor parte de los analistas económicos y financieros, los columnistas económicos y de negocios señalan que el crecimiento rondará el 1.7% del PIB.
¿Qué sucede si no alcanzamos una tasa de crecimiento del PIB alta? En primer lugar la meta de un déficit fiscal a la baja no se alcanza y, la recaudación fiscal cae, esto provoca hoyos en el presupuesto que para financiar ese faltante se debe recurrir a mayor endeudamiento.
Uno de los problemas de nuestras finanzas públicas radica en el presupuesto, el cual carece de margen de maniobra al estar totalmente comprometido.
Es una camisa de fuerza, no se ha querido diseccionar el gasto para eliminar capítulos de gasto y partidas que no generan valor a la productividad y la innovación.
Las aportaciones sociales son un mandato constitucional, sin embargo, se entregan a universos de usuarios que no reportan esfuerzos individuales para salir avante y a su vez las pensiones alcanzan el 6% del PIB.
El contexto geopolítico internacional y la gobernabilidad interna presionan las tasas de interés: Hacienda tendrá que proveer 1.57 billones de pesos para cubrir el costo de los intereses de la deuda.
Si la deuda continúa creciendo se mantendrá el ciclo de estrangulamiento del gasto social.
En el discurso de presentación del paquete hay una expresión insólita que señala que no habrá aumento de impuestos, todos los analistas observan que los ingresos tributarios son insuficientes para cubrir el presupuesto, entonces ¿cómo financiarlo?
El gobierno señala que alcanzará 5.8 billones de pesos de ingresos tributarios.
La única forma de lograr esta meta es apretar la fiscalización contra los mismos contribuyentes de siempre, a quienes se les podrán limitar las deducciones y se les impondrán multas.
De regalo, la política de gasto insiste en transferir miles de millones de pesos a PEMEX, una de las pocas empresas petroleras del mundo que no reporta utilidades.
Esos miles de recursos enviados a PEMEX debiesen destinarse a educación pública nacional: el sistema educativo mexicano requiere urgentemente una reforma, somos -de acuerdo con la prueba PISA- el país más atrasado en la OCDE, nuestros niños carecen de compresión de lectura y están reprobados en matemáticas.
Estos resultados son inaceptables para su futuro.
Hacienda insiste en que los requerimientos financieros del sector público alcancen un 3.9% del PIB, esta meta sigue creciendo presionando el déficit público y el servicio de la deuda pública, acciones que provocan que las calificadoras disminuyan nuestro grado de inversión.
Sin inversión nacional y extranjera las finanzas públicas se mantendrán lejos de una ruta sana.
La economía viaja siempre al lado de la política ¿qué pasa en nuestro sistema político que no apalanca el crecimiento económico? Utilicemos una categoría social para entender el contexto, Jean Meyer al describir las tensiones entre el Estado y la Iglesia católica previo a la guerra cristera, acuñó el concepto de diarquía.
Dos fuerzas poderosas y antagónicas ponen en riesgo la gobernabilidad y el proyecto nacional.
Más adelante, el país sufrió el imperativo de la acción política de Calles al implementar un maximato que restó poder a los presidentes en turno (1928-1934).
El ejercicio del poder se centraba en dos cabezas, el poder formal y el poder real.
La historia nos brinda lecciones elocuentes para articular nuestra democracia, Lázaro Cárdenas a los 17 meses de asumir el poder en el Estadio Nacional expulsó a Calles a los Estados Unidos con el apoyo incondicional del Ejército mexicano, fuerzas armadas institucionales y leales al servicio de la institución presidencial.
La Cuarta Transformación ha impulsado una intensa capacidad de centralizar el poder y consolidar una República social.
Estamos ante un impasse de si se formará o no una nueva generación de élite política para asumir el liderazgo hacia la duración del sistema político de la 4T.
El próximo miércoles 16 veremos el despliegue inédito del Ejército mexicano en un desfile militar fortalecido que muestre el tamaño y eficacia de nuestra leal institución castrense al servicio de la patria. No son tiempos de maximatos ni de diarquías: mientras esos estadíos han sido superados, debemos tener capacidad para enfrentar los nuevos desafíos geopolíticos por sus nacionalismos populistas y restricciones a nuestro comercio, de modo que es indispensable contar con una Presidencia fuerte, con toma de decisiones de mediano plazo en beneficio del país.
Así la economía marchará por mejores rumbos dando certidumbre a la inversión y el crecimiento económico.
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