Texto: Liza Luna
Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, enfermedad infecciosa que ataca principal, pero no exclusivamente, a los pulmones. Tiene larga data afectando a la humanidad, siendo una de las más mortíferas de la historia y que apenas en 2024 provocó la muerte de un millón 230 mil personas, según la OMS.
La vacunación y los azotes de otros padecimientos infecciosos dejaron de lado a la llamada peste blanca, pero durante el siglo XX era prioridad sanitaria en varios países. Fue así como surgió una curiosa campaña para combatirla, con estampillas filantrópicas que podían decorar las cartas y eran accesibles para todo el público.
Bien dicta el refrán “de poquito en poquito, se llena el saquito” y los llamados timbres antituberculosos duraron décadas pagando hospitales, tratamientos e investigaciones contra este patógeno, centavo a centavo.
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Mochilazo en el Tiempo entrevistó a Alejandro Grossmann Epper, director del Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis, organización que desde los años 40 emitió los timbres antituberculosos en México.

Un danés creó los “timbres navideños” contra la tuberculosis
Vender una estampilla para combatir la peste blanca surgió de Dinamarca. Según relató la revista para filatelistas, Linn’s Stamp News, los timbres contra la tuberculosis fueron idea del empleado postal Einar Holboll, quien quiso aprovechar el aumento de cartas y envíos en temporada navideña para hacer algo filantrópico.
El 6 de diciembre de 1904 y con la aprobación del rey danés Christian IX, Holboll lanzó las primeras 6 millones de estampillas antituberculosas de la historia, ideadas para decorar misivas o regalos decembrinos.
El sencillo timbre sólo decía “Julen [navidad en danés] 1904” con el retrato de la fallecida reina Luisa de Hesse-Kassel; logró recaudar 68 mil coronas en su primera emisión, ganancia destinada a cuidar de niños contagiados por el bacilo de Koch.
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Según se leyó en EL UNIVERSAL del 23 de diciembre de 1943, “la gente se interesó en este novedoso proceso para hacer el bien y rivalizaron las personas de posición social y económica por utilizar la mayor cantidad de timbres daneses, que adherían a su correspondencia, regalos y bultos que remitían por correo, y objetos de uso personal”.
Tras su lanzamiento en tierras nórdicas, otros países europeos y hasta Estados Unidos emitieron sus propios timbres contra la tuberculosis, nombrándolos “christmas seals” por salir en época decembrina y recaudando millones de dólares en pocos años.


Se necesitaba mucho dinero para hospitales y dispensarios
De acuerdo con el Plan de Organización y Funcionamiento de la Campaña Nacional contra la Tuberculosis, escrito por el doctor Miguel Jiménez a finales de los 40, “la República Mexicana pasó por una etapa de tuberculinización masiva entre 1922 a 1927, en los que la mortalidad marcaba 70 u 80 muertes por cada 100 mil habitantes”.
Con cifras igual de escalofriantes, EL UNIVERSAL informó en 1941 que, “en los cuarenta años del siglo, México perdió a más de 500 mil habitantes por tuberculosis”. Para mayo de 1943, esta casa editorial sostuvo que 300 mil mexicanos permanecían bajo el control del bacilo de Koch, con un 10% de fallecidos.
Para 1939 se fundó el Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis (CNLT), cuyo objetivo era reducir el severo impacto de la peste blanca sobre la población mexicana, en especial sobre los sectores de mayor importancia laboral, pues miles de habitantes con buena edad y condición para trabajar caían frente a esta enfermedad.
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Entre sus propósitos estaba abrir dispensarios y hospitales exclusivos para tuberculosos a fin de disminuir contagios, facilitar la detección temprana de casos a través de radiografías de tórax y aumentar el número de camas a nivel nacional para atender a más enfermos, pues la recuperación podía tardar meses y hasta años.
Un representante del CNLT aseguró a este diario en 1941 que “apenas tenemos mil camas para aislamiento y tratamiento de tuberculosos, y necesitamos aproximadamente 30 mil. Necesitamos 200 dispensarios, apenas contamos con 39; necesitamos escuelas al aire libre, colonias de vacaciones, preventorios, médicos, enfermeras visitadoras especializadas”. Y para todo eso se requerían recursos.
Siendo una organización civil, su ingreso monetario era a través de donaciones. Emitían anuncios radiofónicos, publicidad a través de volantines y tenían una revista llamada VIDA, para “educar a las masas para que se defiendan de la tuberculosis”, pero no eran suficientes para escalar los donativos.

De acuerdo con Claudia Agostoni en su texto 'Timbres Rojos’ y el Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis, el CNLT se reunió con dependencias de salud, finanzas y educación, y con medios de comunicación como la “XEW, XEQ, Radio Panamericana y XER, al igual que los periódicos La Prensa, El Nacional y EL UNIVERSAL [...] para impulsar intervenciones médico-sociales compartidas y contener los contagios”.
En sus primeros años, este comité logró recaudar 4 millones de pesos gracias a la colaboración altruista de importantes hombres de negocios, pero esa cantidad era insuficiente y hacía falta más ayuda, se requería el compromiso de todo pueblo.
Comenzaron con la emisión de Bonos de Aportación o Certificados de Ayuda que costaban 500, 200, 100 y 50 pesos, pero no era fácil para cualquiera donar tales cantidades. Fue a finales de diciembre de 1941 que el Comité Nacional por fin planteó la idea de vender estampillas navideñas, como los conocidos en otros países.
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![Mensaje del CNLT, 1945. Según afirmó el doctor Miguel Jiménez en su Plan de Organización, el comité era el “encargado de despertar a la iniciativa privada para ayudar [...] contra la Tuberculosis, imposible de controlar y combatir exclusivamente por el Estado”. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.](https://www.eluniversal.com.mx/resizer/v2/SF3QTAVG6NFC7MWKSW3T6YQQ7Q.jpg?auth=f814136fe3ba3ed4410a1a5f895a90ff15aa869b1a394458616c6b20f7c9eb09&smart=true&height=620)
El CNLT trajo a México los timbres contra peste blanca
Los primeros 20 millones de timbres antituberculosos mexicanos se emitieron el 7 de diciembre de 1943, disponibles en Oficinas de Correos, establecimientos comerciales y por vía postal, a 5 centavos cada uno. Uno de los primeros en adquirirlo y fomentarlo fue el entonces presidente, Manuel Ávila Camacho.
EL UNIVERSAL invitó a sus lectores a “comprar estos timbres y colocarlos en sus esquelas de felicitación o en sus empaques de regalos; no será de uso obligatorio, se trata de una cooperación voluntaria”. La meta era juntar un millón de pesos entre diciembre y enero de 1944, aprovechando el espíritu navideño.
En entrevista para Mochilazo en el Tiempo, el director ejecutivo del Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis, Alejandro Grossmann Epper, dimensionó la importancia que tenía lanzar un timbre antituberculoso para la temporada navideña.
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"Se debía a las tarjetas y cartas; yo me acuerdo de chico que te podían llegar hasta 100 tarjetas de Navidad [a cada familia] como una manera de felicitarse”, afirmó nuestro entrevistado, y cada una podía tener un timbre contra la peste blanca.
Según explicó EL UNIVERSAL, las estampillas del CNLT “no son postales, sino sellos de aceptación y uso espontáneo [...], una forma de divulgar la noble causa de lucha antituberculosa y un medio para obtener fondos, no para pagar portes de correo”.

Entre sus formas para adquirirlos estaba la vía postal: el Comité Nacional envió 70 mil cartas a distintos ciudadanos con 100 timbres cada una, invitándolos a comprar. Si estaban interesados, podían pagar las estampillas a través de giros, valores postales o cheques de banco, enviando su apoyo a la Oficina de Timbres Antituberculosos en Av. Balderas 32; si no querían, se les suplicó devolver los timbres a la misma dirección.
Y ni siquiera era forzoso comprar los 100 sellos; si sólo se querían 20 o 40, bastaba pagar 1 o 2 pesos y devolver el resto de las estampillas.
Por desgracia, esta forma de pago presentó problemas, pues “muchas personas que se hallan en la mejor disposición de prestar su cooperación a tan noble causa, [encuentran] los medios para hacerlo en extremo difíciles y complicadas: la Dirección de Correos no admite incluir en los sobres dinero en efectivo, y para obtener un giro en las dependencias postales se pierde mucho tiempo”, según indicó este diario.
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Tampoco faltaron los “listillos” que no devolvían los timbres ni pagaban un solo centavo. Para el 26 de mayo de 1944, en EL UNIVERSAL se publicó un balance detallado del CNLT que confirmó una recaudación de apenas 97 mil 460 pesos por la venta de las estampillas en su primera emisión, ni siquiera un 10% de lo esperado.


Se transformaron para atraer coleccionistas
Las primeras ediciones de estampillas antituberculosas tenían un solo diseño anual, con la leyenda “Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis”, año de lanzamiento y, en algunas ocasiones, costo de venta. Todas mostraban la Cruz de Lorena, símbolo internacional contra este patógeno, y eran rojas; de ahí se les apodó “timbres rojos”.
Para 1952 se dio un cambio drástico en las estampillas, eliminando su color rojo y recurriendo a diferentes artistas para diseñar los timbres anuales, como la colaboración de Rufino Tamayo para la edición de 1955.
Según indicó EL UNIVERSAL el 4 de noviembre de 1953, México registró 12 mil muertes por tuberculosis en esos últimos meses, un índice muy alto que requería de más acciones sanitarias. El Comité Nacional tuvo que diversificar sus medios para reunir fondos y lanzaron calcomanías de automóvil con un costo de 5 pesos cada una.


Además, para mejorar las ventas de timbres y evitarse los problemas de pago vistos en los años 40, el CNLT cambió su método de vía postal y recurrió a vendedores. Unos serían contratados, “debidamente responsabilizados y garantizados con una fianza o cuota”, y otros serían honorarios o emisarios, “personas de amplia solvencia moral y material” que colocarían los timbres entre su círculo de amistades adineradas.
Nuestro entrevistado, Alejandro Grossmann Epper, indicó que para 1956 de nuevo se transformaron los timbres antituberculosos y por primera vez se lanzó una plantilla con 50 diferentes diseños, alusivos a fiestas decembrinas y rasgos prehispánicos.
Grossmann Epper, quien también es filatelista desde hace casi 60 años, compartió con Mochilazo en el Tiempo que esta nueva presentación fue para “despertar el interés de los coleccionistas”, con timbres más atractivos para el público.
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Este cambio de look aumentó el gusto de la gente por los timbres antituberculosos. De acuerdo con el sitio web Paralelo, una de las emisiones más queridas fue la de 1959, con 50 sellos inspirados en canciones de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”.
EL UNIVERSAL confirmó que se lanzaron 25 millones de carismáticas estampillas del “grillito cantor”, vendiéndose al menos 14 millones de unidades como pan caliente, a 10 centavos cada una. ¡Casi un millón y medio de ganancias!
El éxito aumentó con la campaña 1960-1961; según datos de la revista Salud Pública de México, el sello que lucía la embarcación Mensajero de la Salud agotó 18 millones de estampillas, recaudando 2 millones 273 mil pesos. Entre 1962 a 1964, se vendieron otros 28 millones de timbres y hubo ingresos por 2 millones 850 mil pesos.
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Fue desde ese periodo que se advirtieron prácticas indebidas con la venta de timbres antituberculosos. En la edición del 30 de enero de 1965, esta casa editorial denunció presuntas compras obligatorias de estampillas contra la peste blanca.

Según el testimonio de un lector: “quise depositar una carta sin timbre antituberculoso y el encargado la rechazó, diciéndome que tenía órdenes de su jefe de no aceptar correspondencia sin el timbre”.
“Cuando dije que no era obligatorio, me contestó: ‘en el DF tal vez no, pero aquí [Oaxaca] sí, puesto que me asignaron 10 pesos en timbres para venderlos y si no lo hago, tengo que pagarlos con mi dinero; no aceptan devoluciones’”, afirmó el lector.
Una situación parecida se reportó en los años 80, de acuerdo con Alejandro Grossmann. “Un usuario se quejó de que lo obligaban a comprar el timbre y eso provocó que, durante cuatro años, el comité no pudiera vender timbres en el correo”.
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La suspensión se mantuvo entre 1980 al 84, hasta que el entonces secretario de Salud de Miguel de la Madrid, Guillermo Soberón Acevedo, llegó a un entendimiento con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para reanudar la venta de estampillas.


Hasta el 2018 se tuvieron timbres antituberculosos
Alejandro Grossmann Epper comenzó su labor en el Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis como Gerente de Promoción en noviembre de 1993; él era el encargado de los timbres antituberculosos.
Durante cinco décadas, estas estampillas filantrópicas se lanzaron como campaña navideña, pero desde 1994, nuestro entrevistado decidió cambiar la fecha de venta y trasladarla al 24 de marzo de cada año, día en que se conmemora la presentación de la bacteria Mycobacterium tuberculosis, identificada en 1882 por Robert Koch.
Su forma de seleccionar los timbres anuales dependía de que la posible temática para los sellos tuviera 50 cosas diferentes que llenaran toda la plantilla o de que las imágenes pidieran ajustarse al tamaño estampilla. “Ese es todo un reto, porque hay que plasmar en un timbre de 24 x 40 milímetros la imagen, un mensaje, la tipografía, un nombre o un valor”, sostuvo Grossmann Epper, sin olvidar la Cruz de Lorena.


Según comentó el director ejecutivo del CNLT, uno de los timbres más raros y buscados por filatelistas dentro de la vasta colección antituberculosa fue el emitido en 1975, con una ilustración de la Catedral Metropolitana. Se trató de un diseño especial para un congreso internacional relacionado con el combate a la tuberculosis.
Otro de los grandes éxitos en venta fue la edición 1998 de la lotería, con 50 timbres luciendo las típicas representaciones de El Catrín, El Corazón, La Sirena o La Dama y otros no habituales como El Maguey, El Clavel o La Salud. Se vendieron 12 millones.
La llegada del siglo XXI no fue benevolente con los timbres antituberculosos. Grossmann Epper nos comentó sobre el problema legal que enfrentaron por la campaña 2000-2001, que era un homenaje a la carrera de Mario Moreno “Cantinflas”.
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Según publicó EL UNIVERSAL el 16 de enero del 2000, el arreglo para lanzar esta edición se realizó con Eduardo Moreno Reyes, hermano del histrión, a fin de continuar con el legado filantrópico de “Cantinflas”. La plantilla de 50 timbres costaba 25 pesos.


Pero, de acuerdo con nuestro entrevistado, la pugna legal que mantenían con Mario Moreno Ivanova provocó que se retiraran esos timbres antituberculosos de circulación y tuviera que lanzarse una emisión de emergencia con un diseño antiguo.
A pesar de ese incidente, el CNLT lanzó grandes campañas para su recaudación anual, como la de 2010 por el centenario de la UNAM, la del IPN en 2011 o la edición 2014 con sitios y costumbres representativas de Oaxaca que obtuvo el primer lugar ante la International Union Against Tuberculosis and Lung Disease.
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Pero, la modernidad y desinterés por la cultura postal socavaron los esfuerzos antituberculosos. “Gente de generaciones más recientes difícilmente conoce los timbres, porque han dejado de usarse prácticamente y cada día hay menos filatelistas. En mi club de timbres de hace 45 años, nos reuníamos cada 15 días y éramos 50 o 60 personas; hoy en día, si nos reunimos 10 personas cada 3 meses ya es mucho”, afirmó Alejandro Grossmann.

La última edición de timbres antituberculosos se emitió en 2018, con 50 estampillas luciendo mariposas mexicanas. En palabras de nuestro entrevistado, "la venta [de timbres] en oficinas de correos declinó mucho por el correo electrónico y otras formas de comunicación”, siendo casi nula la recaudación de fondos por ese medio.
Él mismo como filatelista se aseguró de “dejar una constancia de la importante labor que significó el CNLT en su lucha contra la tuberculosis” y mantener disponible el legado de timbres antituberculosos con su libro Memoria de las estampillas de lucha contra la tuberculosis, 1943-2010.
Para Alejandro Grossmann, el Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis y sus timbres tuvieron un impacto muy importante en el tratamiento de esta enfermedad en México. Gracias a su labor, “se construyeron hospitales, se tuvieron barcos [como el Mensajero de la Salud] que navegaban por zonas poco comunicadas, había capacitación conforme a los avances médicos y tecnológicos”, comentó.
Puede que los timbres antituberculosos ya dieran todo de sí; incluso se piensa que la peste blanca es una enfermedad poco común en nuestros días o que fue erradicada en México, pero todavía está muy presente y tiene una tasa de transmisión muy alta en personas no inmunizadas. Tal vez ya no donemos unos cuantos centavos para una estampilla, pero aún quedan muchas cosas por hacer y exigir frente a la tuberculosis.

- Fuentes:
- Hemeroteca EL UNIVERSAL
- Entrevista con Alejandro Grossmann Epper, director ejecutivo del Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis; autor del libro Memoria de las Estampillas de Lucha contra la Tuberculosis, 1943-2010 y filatelista con 58 años de experiencia.
- Archivo Histórico de la Secretaría de Salud
- Agostoni, C. (2023). Cooperación social y ofertas terapéuticas en la lucha contra la tuberculosis en la Ciudad de México, década de 1940. En Historia Ciencias Saude Manguinhos.
- Agostoni, C. (2017). "Timbres rojos" y el Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis, Ciudad de México, 1939-1950. En Revista CONAMED.
- Delgado, E. (5 diciembre 2019). A Time of Giving. En The Micrograph, National Museum of Health and Medicine.
- Denune, J. (26 diciembre 1988). Einar Holboll - Father of Christmas Seals. En Linn's Stamp News.
- John Denune's ChristmasSeals.Net. - página web
- Ostler, F. (noviembre 1947). Father of the Christmas Seal. En Coronet.
- Paneque, E. & Rojas, L. & Pérez, M. (2018). https://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1729-519X2018000300353 . En Revista Habanera de Ciencias Médicas.
- Piñeiro, R. (s.f.). Breve historia de la tuberculosis. En. Sociedad Española de Infectología Pediátrica.
- s.a. (1961). Actividades del Comité Nacional de Lucha contra la Tuberculosis. En Salud Pública de México.
- s.a. (s.f.). Serie: Pájaros Mexicanos [1961-62]. En Paralelo.


