Escribo en un día memorable para la historia de México. El 13 de septiembre, es el día en el que recordamos “la gesta” o “la batalla” de Chapultepec. Desgraciadamente, lo sucedido en Chapultepec se ha reducido al momento de la muerte de los cadetes que tanto conocemos y que, afirmo, eran niños y fueron héroes. Sin embargo, mucho habría que aprender de esa batalla y de esa terrible e injusta guerra que fue la de 1847.

El próximo año se cumplirán los 180 años de aquel sacrificio. Valdrá la pena decir la verdad sobre lo que le falló a México y, al mismo tiempo, reconocer la historia valiente de estos niños héroes, pero también de muchos más que sacrificaron su vida por la defensa de nuestro país aun a sabiendas de la derrota que sufrirían. Oportunidad también para hablar del Batallón de San Patricio. Y de una vez podremos nombrar y reconocer el lamentable momento histórico que vivimos dos naciones: México y Estados Unidos.

En estos mismos días, celebramos la Independencia de México. Sí, celebramos la existencia de México y tenemos muy buenas razones para celebrar. Desgraciadamente solemos confundir a México con nuestro gobierno o con nuestra opinión sobre el gobierno y, verlo de esa manera no nos conviene a ninguno. México es mucho más que su gobierno, afortunadamente.

Tenemos mucho que celebrar de nuestro México y es injusto que nos dejemos manipular y aplastar. No se trata sólo de una fiesta, sino de la importancia de valorarnos como mexicanos y reconocer nuestras fortalezas.

Celebro a cada joven que decide emprender con el deseo de hacer las cosas conforme a derecho. Ayer fui a la inauguración de un local de venta de flores ubicado en la colonia Anáhuac. Estaba la familia acompañando el negocio de flores. Ese es el México que celebramos: cada emprendimiento, cada micro y pequeña empresa.

También me enorgullece los esfuerzos de la mediana empresa que sigue adelante aun cuando el gobierno, una y otra vez, busca cobrarle más impuestos y aumentar los costos de los servicios. Que se cuida del crimen organizado, pero que se niega a cerrar.

Celebro a cada maestra y cada maestro que va a la Escuela Primaria a dar clases, a pesar de las pésimas condiciones en las que están las escuelas y el contenido de los libros de texto. Cierra la puerta del salón y se empeña en dar lo mejor.

Celebro a los estudiantes de CCH, bachillerato y demás preparatorias que sueñan con estudiar en las universidades establecidas en México y que saben que también podrán encontrarse con buenos maestros. Millones de jóvenes deben saber el gran país que hemos sido y que podemos ser.

Celebro que en la política estemos viendo mexicanas y mexicanos valientes que denuncian y que trabajan porque la esperanza en un mejor México sea más cierta, que ilusoria. Y en ese tema celebro especialmente a los alcaldes de la oposición en la Ciudad de México, quienes enfrentan la amenaza del gobierno local y federal de quitarles presupuesto y que entregan buenas cuentas. Celebro a las y los gobernadores de oposición y la valentía de Maru Campos frente al crimen organizado y al gobierno que la persigue.

Celebro a todo el personal médico que en las peores condiciones recibe a los pacientes y hace todo lo que puede por sanarlos física y espiritualmente. Operan hasta con sus propios instrumentos, callan miles de cosas para no afectar a los pacientes, son regañados por las autoridades de salud, pero son fieles a su vocación.

Celebro a los deportistas que, con disciplina y esfuerzo, ponen en alto el nombre de México dentro y fuera de nuestro país. A Isaac del Toro por ser el primer mexicano en subir al podio final en el Tour de Francia. A la Selección Mexicana que tantas alegrías nos dieron en este Mundial. A la Delegación que nos representó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Santo Domingo.

Celebro a quienes han hecho de su vocación religiosa una vida de servicio a México y a los mexicanos. Y a quienes han hecho de “la cristiada” el recuerdo de un acontecimiento que nos permite encontrarnos como mexicanos y recordar nuestra fuerza y nuestro espíritu.

Celebro a nuestros historiadores mexicanos que nos enseñan el valor de nuestro pasado. También a quienes seguimos apostando por el derecho y la política como instrumentos para la convivencia en México. Y particularmente a quienes seguimos hablando de la posibilidad de un Estado constitucional y democrático de Derecho.

Celebro a cada organización de la sociedad civil, especialmente las que ayudan directamente a la gente y que lo hacen enfrentándose al muro de la hiperburocratización y abandono del gobierno.

Celebro a quienes defendemos la vida, la dignidad, la justicia y la libertad, a pesar de persecuciones oficiales y escondidas

Celebro a los que no callan las injusticias. Y celebro a los que no se rinden.

Eso sí, cada quien su lista. Hay que hacerla. Todos tenemos la manera de encontrar qué celebramos: la música mexicana, la familia, los amigos, la comida, el trabajo, la escuela, el pequeño negocio, el maestro que no deja de enseñar, el médico que sigue atendiendo, el joven que sueña. Cada uno tendrá razones distintas y, seguramente, muchas más que las que aquí he podido mencionar. No dejemos que nadie nos imponga la tristeza ni que un mal gobierno nos haga olvidar todo aquello que sí vale la pena celebrar y gritar: ¡Viva México!

Diputada federal. @Mzavalagc

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