A Enrique Inzunza, quien aún es Senador, sólo que se le ocurrió la gran idea de ser independiente y así apartarse del bloque de Morena. Dice en su exposición de motivos que ejerce su propia defensa amparado en su probidad profesional y en su honestidad personal. “Por ello, no daré elementos a la derecha conservadora ni a nadie, para que se pretenda cuestionar un movimiento de transformación que representa las causas de los más humildes y laboriosos, lo mejor del gran pueblo de México.
“En esa tesitura, por estricta convicción personal, he tomado la decisión de separarme del grupo parlamentario de Morena, para ejercer mi cargo de Senador de la República de manera independiente y conforme a la rectitud de mis deberes”.
El señor Senador dice que es objeto de una feroz campaña de calumnias y diatribas y dice que el objetivo de todo esto es el expresidente López.
“No se precisa mucha perspicacia para saber que es otro, alguien que posee el mayor liderazgo moral y político de la nación, el objetivo final de esta embestida. Sería una cobardía y un error, consentirlo o permitirlo. Es preferible, como decía Altamirano, vivir o morir entre las fieras, que inclinar la frente ante los tiranos y dar un abrazo a los traidores”, enfatizó.
Uno no entiende porqué relacionarse y aún más, defender a los más indigno de la política como es lo que defienden, a uno de los peores mandatos que ha habido en la historia reciente de nuestro país. Y en esa defensa mandan un mensaje de lejanía a la presidenta Sheinbaum, a la que no defienden ni cuidan con sus actos.
El otro, y no es que quede lejos por el paso de los días, es el que fue gobernador de Sinaloa, el otro cínico Rubén Rocha Moya, quien debió sentir el frío, la lejanía y el desprecio hace unos días cuando se le ocurrió regresar a gobernar porque pensó que ya podía. A las pocas horas de que el gobierno de los Estados Unidos le informara al mundo que teníamos a un narcogobernador y sus secuaces, Rocha Moya dijo que “no iba a pasar nada”. Y así pareció de repente con la defensa que la Presidenta hizo de él y los otros al no entregarlos a los EUA al pedir pruebas. Pero pasados los meses y quizá —y digo sólo quizá— las investigaciones que se supone que hace la FGR sobre estos personajes le hayan dado indicios al gobierno mexicano de que hay algo anormal en el proceder de tan finísimas personas.
No se nos olvide que esta lista la completan el general Gerardo Mérida quien todo parece que ya se está arreglando con las autoridades estadounidenses para ser testigo protegido y con eso ayudarse. Enrique Díaz, que se insiste en que en algún momento saldrá a relucir por sus acercamientos con las autoridades de los EUA. Juan de Dios Gámez, quien fuera alcalde de Culiacán y que no ha asomado la cabeza. Dámaso Castro, Vicefiscal. Juan Valenzuela, excomandante de la policía municipal de Culiacán. Marco Almanza, exjefe de investigación de la policía de investigación estatal. Alberto Contreras, exjefe de la Policía de Investigación de la Fiscalía del estado de Sinaloa, y José Dionisio Hipólito, exsubdirector de la Policía del estado.
Los gobiernos en los estados se construyen como si fueran virreinatos. Todos se le deben al máximo jefe y Sinaloa no es la excepción. Todos tienen que ver con el gran cínico de Rocha Moya. Ahora viene la temporada en la que actúan como que no le han sido fieles. Cínicos todos. Morenarcos.
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