Por Luis Gonzalí, CFA. VP/Co-Director de Inversiones en Franklin Templeton México
Las burbujas no empiezan a desinflarse cuando las empresas dejan de ganar dinero, sino cuando las expectativas son tan altas, que superan cualquier realidad. Esto parece estar ocurriendo en Corea del Sur: la segunda empresa más grande en la bolsa (SK Hynix, 26% del total) reportó un alza anual de 557% en su utilidad operativa y un trimestre récord. Sin embargo, la respuesta del mercado fue un desplome de su acción y, por lo tanto, de la bolsa coreana (KOSPI).
Corea parece ser un buen lugar para buscar las primeras grietas de la euforia por la IA. Samsung y SK Hynix representan, juntas, más de la mitad del KOSPI. Durante meses, el índice dejó de parecer una fotografía de su economía y se convirtió en una apuesta a semiconductores. El resultado fue espectacular mientras los precios subían, pero también lo fue cuando las expectativas empezaron a desinflarse: el mercado perdió más de 15% en dos días y cerca de un tercio durante julio.
La caída se aceleró, como casi siempre sucede, por la innovación financiera. En mayo, Corea permitió ETFs apalancados ligados a una sola acción: si la acción sube 5%, un ETF apalancado 3x sube 15%. ¡Los inversionistas minoristas encontraron una forma sencilla de multiplicar su apuesta! Sin embargo, el escenario contrario también sucede: cuando el activo cae, las minusvalías se aceleran, estos vehículos deben ajustar su exposición y pueden verse obligados a vender en un mercado que ya está cayendo. El apalancamiento no crea el incendio, pero sí reparte la gasolina.
¿Estamos frente al inicio del fin de la burbuja de semiconductores? Es pronto para asegurarlo, pero ya aparecieron señales conocidas. Las buenas noticias dejaron de ser buenas, el mercado exige crecimiento perfecto en una industria históricamente cíclica, y la narrativa comenzó a confundirse con la valuación. Que la IA vaya a transformar la economía no significa que pagar cualquier precio sea razonable. El internet cambió al mundo, pero eso no evitó que muchas de sus acciones perdieran casi todo su valor.
En EE.UU., el exceso también empieza a ser visible. Al 29 de julio, los índices de semiconductores acumulaban un rendimiento de 54% en el año, pese a caer 5.5% arrastrados por la sesión en Corea. Cotizan a más de 62x utilidades y a 10.6x valor en libros. Sus versiones apalancadas, buscan duplicar o triplicar diariamente el movimiento del sector: ¡estamos viendo la misma historia!
Curiosamente, el apalancamiento corporativo, muy importante para que movimientos especulativos en el mercado se conviertan en movimientos fundamentales, no parece ser el principal problema. Según Damodaran, 66 empresas estadounidenses de semiconductores tenían, al inicio de 2026, una razón de deuda a EBITDA de 1.09x y cubrían sus intereses 23x. Son balances relativamente sanos. En ese sentido, la fragilidad está menos en la deuda y más en el precio pagado y en las expectativas, en los productos apalancados y en el supuesto de que la demanda crecerá sin límite.
Eso reduce el riesgo de una crisis financiera, pero no el de una corrección brutal. Una burbuja puede reventar sin que sus empresas quiebren; basta con que dejen de justificar lo que el mercado había imaginado. Corea podría ser un tropiezo. También podría ser el primer aviso de que, en semiconductores, la realidad dejó de correr más rápido que las expectativas.

